Mi postura acerca del sexo

Cosas sexosas

Para una fémina de mi calaña, cuya crianza alcanzó a ser arañada por los anticuados esquemas de que “el sexo es malo” y solo se podría tener acceso a el mediante marido en mano y dentro de un matrimonio bendecido y auspiciado por todas las leyes celestiales y terrenales, no me ha quedado de otra que hacerme autodidacta, y entre una relación y otra irme moldeando los conceptos y pensares sobre este sexoso tema.

Mi recién desempacada postura hedonista ante la vida me hace no idealizar al sexo ni darle un carácter de sagrado/prohibido, como no solo se acostumbra sino que se ha vuelto maña insoslayable en países predominantemente puritanos religiosos como éste, mi amado terruño al que pertenezco.

Arriesgándome a ser tachada de hereje y pervertida, (lo cual me tiene sin cuidado) la verdad yo lo entiendo como una necesidad fisiológica y un instinto de supervivencia, y no como una vergonzosa y/o necesaria tarea de procreación.
Lo considero de lo más natural y mundano, ah y no dejo de ponerlo en un pedestal, cosa rara ya sé, sobre todo viniendo de una mujer; y no es que las relaciones sexuales me parezcan sólo dignas de aquellos que se aman (no,no,no, nada más lejano a eso) si no que creo, son parte fundamental de nuestra humana existencia individual y como pareja, haya o no, un compromiso de por medio.

Nuestra sabia mamita naturaleza asegura nuestra preservación a través del placer, por lo que me considero una acérrima promotora de dicho acto siempre y cuando se tenga en condiciones de consenso, higiene y responsabilidad.

Es por eso que mi relación con el sexo, ha sido y será diferente dependiendo la etapa en la que me encuentre y qué tanto me haya zarandeado la vida, por lo que solo me limito a explicar que me abstengo de ponerle categorías morales mientras no se dañe la integridad física y mental propia o ajena.

Así que desde mi punto de vista, cada quien es libre de coger cuanto le dé la gana, con quien se le dé la gana y con cuantos se le dé la gana, si es que se dan esas condiciones.
He dicho.





Tortuga para la cena

animación

Papaye from Geoffrey GODET on Vimeo.

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Pero si las mujeres somos las de los dramas

Palitrochadas

El sábado al mediodía mi amigo eterno cuasi fraterno me mandó un mensaje de texto por el teléfono, un mensaje que no vi sino hasta en la noche, en el que me preguntaba qué plan tenía para la tarde (si, esa tarde).

Mi fabuloso y excitante plan vespertino de horas languidecidas fue lavar ropa y el resto del día ponerme a pintar, y cuando hago eso último me olvido de todo lo demás. Reconozco que por mis vaivenes personales tengo olvidadas las amistades desde hace días, así que cuando en la noche vi el celular le llame a mi compa para decirle “sorry, es que  acabo de ver tu mensaje, me pasé el día lavando y pintando y… ” esto de inmediato fue respondido con un tajante “sale, no necesitas explicar que ya no te importa mi amistad”.

A ver, aclarando:
- Yo tengo celular no para la comodidad del prójimo sino para la mía. Y quien me conoce sabe perfecto que no soy de esas personitas dependientes del teléfono que sondean el universo telcel cada 5 minutos a ver quién les manda mensajito. God! Get a life!

- Si quieres una respuesta inmediata marca, habla, ¡comunícate!. La gente es muy coda hoy en día, no tengo idea cuánto cuesta una llamada pero creo que no pasa de 3 pesos el minuto y  el mensaje cuesta menos. No es cuestión económica, hay que denotar el interés hacia las personas que supuestamente te importan.

- Y yo, yo soy morra, yo hago dramas, soy una master en eso, créanme. Yo tengo más dramas en mi cabeza que toda la producción griega de tragedias juntas,  así que no me vengan con sus cosas porque así como hago mil dramas también sé que los dramas dan hueva. Y que la gente que se tira al piso diciéndote “yo sé que no te importo” sólo logran… importarte menos.

Misery likes company… but company usually doesn’t like misery.

Así que por favor, yo no le haré un drama a mi querido amigo porque me hizo uno y sé que ustedes no me harán un drama porque no respondo o me tardo en contestar un comentario o un correo.

Este mundillo sería un lugar más feliz si la gente fuera menos orgullosa y azotada. Y se los dice una orgullosa y azotada profesional.

Cuatro años de La Palitroche

Palitrochadas

527 post en 4 años que dan fe de mis quehaceres, desencantos, quejas, vivencias, intereses y banales conocimientos entre otras cosas.

Supongo que el día  que no tenga nada porque quejarme, deje de compartir lo que sé o dar mi opinión sobre lo que no sé, este blog dejará de existir.

En lo que eso sucede, apechugo y me congratulo al mismo tiempo por haber llegado hasta aquí.

No más cuentos de amores surrealistas

Palitrochadas

Se acabaron las historias de amor surrealistas para mí. Después de las tardes divertidas, las noches pervertidas y los besos compartidos en realidades alternas, finalmente se acabaron y está bien, muy triste pero bien. Siempre he dicho que a veces el amor no es suficiente, y vivir en contínuo altibajo emocional por no ajustarse a las expectativas planteadas termina por cansar. Cuando dejo ir a alguien (para lo cual soy increíblemente mala, incompetente casi casi) no deseo absolutamente nada, nada… es extraño. Pero sí espero que mi ahora ex amor se haga una buena vida para él, y pienso mucho acerca de quién lo está cuidando y lo cuidará por mí y espero lo haga bien. Quizá, con tiempo de por medio, hasta podríamos sobrellevar todo aquello por lo que fuimos y no fuimos… y ser amigos.

Jajaja… sí, yo sé.

Y es que hay ocasiones que no es sino hasta que te picas los ojos al punto del desangramiento existencial por las falsas expectativas que tú sola te vas generando cuando te decides, tomas aire, y lo preguntas, y te contestan. Y lo malo de las respuestas, es que generalmente conllevan necesarias acciones. Lo bueno, es que son digamos… definitivas. Porque si te lo están diciendo, ya necesitarías arrancarte parte del cerebro para poder seguir haciéndote la loca.

Dudé mucho para alejarme, pero creo que pasó de la mejor manera dentro de las posibilidades existentes, soy mala para las despedidas y las palabras de adiós muchas veces salen sobrando. Recuerdo la última vez que lo abrace, que yo tenía claro que era de las últimas, aferrada a su espalda que fue mi casa, y a su torso que fue mi templo, y que dejaba de ser mío como feligrés que cambia de parroquia.

Y lo bese al final, tres veces, como si no pudiera creerlo. Los besos de despedidas son horribles, los acompaña una tristeza que recorre tu columna, para avisarte desde adentro “ya me voy”. Los últimos recuerdos, los “que tal si…”; se baten en el estómago junto con los jugos gástricos y el licuado mañanero… y la impotencia y zozobra de duelo sabes que no te dejará estar en paz por un rato.

Tengo alma de masoquista, así que aunque sé que pasará me gusta revolcarme por un rato en el dolor y entregármele completa porque he aprendido que solo así termina de salir, de irse.

Me duele el corazón, literalmente, si me toco mi pecho izquierdo con los dedos, duele… ouch!,  el dolor se siente raro, chistoso, como un viejo amigo que tiene tiempo que no ves, y te recuerda tus mejores anécdotas y tus peores días también. Podría decir que hasta casi casi ya extrañaba la sensación.

Casi, ja!.

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Si hubieras querido

Palitrochadas

Si hubieras querido me habrías arrancado los ojos, encajado los dientes, quemado la piel.

Si hubieras querido me habrías lamido las yemas, arañado los muslos, mordido los pies.

Si hubieras querido habrías rasgado mi espalda, quebrado mi cuello, sorbido mis venas.

Y es que de haberlo querido te habrías quedado con mi cara, con mis ganas, con mi aliento, con mi boca y mi sostén.

Porque pudiste serlo todo, fuiste todo: fuiste tú. Pudiste adueñarte de todo y dejarme sin mí.

Pero no.

Sólo abriste mi cabeza, mis piernas, mis ansias y mi realidad.

Me besaste, tanteaste, elevaste. Y yo ni siquiera las manitas metí.

Y fue porque yo quise… y porque te quise.

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Sufriendo de empacho por los anuncios del IFE

Palitrochadas, Para oídos sordos

No puede ser que no pueda yo disfrutar de las cosas banales que hacen feliz mi mundana existencia, tales como el escuchar en paz el radio o disfrutar del drama pasional de mi telenovela del canal de las estrellas sin que tenga yo que esculpir en piedra y a manera forzada en mi memoria el guión de cada comercial del IFE.

No sé ustedes, mi querido puñado de prójimos paisanos, pero a mí, dichos anuncios y la masticada idea que prodigan me causa empacho y me machaca la paciencia junto con la escuálida y raquítica fe que tengo en la democracia de mi amado país.

A manera de quejumbre, no de reclamo, y aunque suene yo como una subversiva, impaciente y quisquillosa ciudadana, lejos de creerles algo o de que me dejen ganas de concientizar mi voto, me hacen recordar que desde que tengo uso cívico de razón, esto de las elecciones es el mismo teatro zarandeado cada 6 años (y apenas vamos por el primer acto).

Procuraré tomar en cuenta aquello que insinúa nuestro actual gobierno de que lo nuestro no es pobreza, sino mala administración, pensando en ello emitiré mi voto para ver si así cambia la cosa, porque eso sí, las esperanzas no se me acaban; a pesar de vivir crucificada por el trabajo contínuo, sin tregua y con una remuneración más modesta que mis ambiciosas expectativas de vida, y que ni estirándolos como resorte de calzón me ajustan los centavos, ya no digamos para concederme un fin de semana al año en alguna playita perdida de mi propio país, sino para solventar algunos otros lujos como poner gasolina a mi cochecito, reponer unos zapatos viejos y comer tres veces al día.

Pero aún así, dada la situación, no necesito que me digan qué hacer talachándome el cerebro con mensajitos que malgastan infamemente el significado de las palabras “libertad” y “democracia”, ni que me recalquen lo que ya sé: lo importante para mí que es escoger de manera inteligente de entre  la bola de nada  impolutos políticos próximos a gobernarnos el talante y el sexenio al que más me convenga o de plano al que menos me chingue.

No señor, no creo que sea esa la manera.

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Y … ¿le entrego mi sufrimiento al Señor?

Palitrochadas

Haciendo fila en el consultorio médico en espera de pasar con el galeno, quien sabe que cara tendría yo, que un fino señor creyente me soltó la frase: “No se preocupe, entréguele su sufrimiento al Señor”.

Me hubiera gustado ver mi propia expresión así de ceja levantada y toda la cosa. Por respeto al doñito reí con desdén internamente, pensando… como si una pudiera agarrar y decirle a alguien más (un señor, por todas señas): “aquí tiene, son tres cuartos de impotencia y medio de vacío existencial, tres cuartos de tristeza y dos kilos y medio de desilusión, quédese con el vuelto”.

Si, ando desorientada, triste y enojada. Siento mucha impotencia y muchísima decepción. A ratos siento tanto coraje que creo que voy a explotar y salpicar con mis adorables vísceras, como en película de Tarantino, y de repente se me saltan las lágrimitas, así, nada más.

Y qué?… no es tan fácil… uno se queda con sus tristezas a lidiarlas y nadie, nadie puede compensarlas, ni siquiera tengo ánimos de ir con mi mejor amiga o de ir a coger o platicar con alguien calificado, o venir a desahogarme en este mi blog y describir paso a paso qué sucede, aunque aún puedo escribir qué es lo que siento y… bueno, eso se siente un poco mejor.

Una decisión madura sería mandar al demonio a aquellas situaciones que constituyen un peso muerto, que te hunden con sus complejos y sus traumas. Pero suena tan fácil decirlo como difícil llevarlo a cabo.

De coleccionar vinos malos y de lo que piensas cuando estás a punto de morir

Para oídos sordos

Después de días de estar sumida en vaivenes melancólicos por un montón de cosas que me están pasando termine el día de ayer en una pelea con mi padre, si hay algo con lo que no puedo lidiar es estar enojada con alguno de mis padres, me apabulla el espíritu más que ninguna otra cosa, y a pesar de que siempre estamos en desacuerdo, de alguna manera trato de entenderlo y escucharlo para que no suban las cosas de tono ya que es de él de quien heredé el caracter especial que tengo.

Y hoy me encuentro con este video que me hace pensar y reflexionar, en él aparece uno de los pasajeros que iban en el avión que tuvo que “ariorizar” en el Hudson. ¿Se acuerdan? el piloto héroe y demás que cuenta de lo que piensas cuando estás a punto de morir.

Supongo que no hace falta que nos pasen cosas de ese tamaño para estar bien con los seres que amamos.

El futuro incierto de mis óvulos

Palitrochadas

Entre tantas otras cosas en estos días me pasé por el consultorio de la ginecóloga y en medio de platicas medico-mundanas por segunda vez me hizo la pregunta de los 64 mil; que si quería yo en serio tener hijos para ir tomando cartas en el asunto dadas mi edad, condiciones médicas, etc, etc.. ya ven los docs como se las gastan, y mi respuesta fue.. ¿chales.. cómo me pregunta eso oiga?…

Ya había yo anunciado que sí quería ser madre hace un poco más de dos años, hasta arreglé seguro maternal y todas esas cosas.. entonces varias personas me dijeron (sobre todo mujeres) que son etapas que pasan y bla bla bla, y ahí lo deje… y si, entre más pasa el tiempo está más de pensarse el asunto y he llegado a la conclusión que lo que me da miedo no es tener hijos, ni tampoco casarme, pero si el ser esposa. La parte del compromiso y casarme no me da miedo. Lo que sí me preocupa es qué tipo de esposa puedo yo ser. No porque sea infiel o crea que no puedo estar con la misma persona para siempre, sino más bien de que alguien me soporte por tanto tiempo.

Aunque también es bien sabido que para tener hijos no hace falta matrimoniarse y la verdad pienso que puedo ser una buena madre con o sin pareja a un lado. Con el tiempo me han empezado a gustar los niños más de lo que yo esperaba y disfruto muchísimo de mis sobrinillos. Sin embargo, la pregunta sí me puso a pensar en el futuro hasta ahora incierto de mis óvulos y si en realidad quiero llevar a cabo la tarea de reproducirme con devoción. Y luego hay que tomar en cuenta factores como lo económico, la estabilidad que daría para un hijo tener una familia, es decir, conseguir una pareja  para criarlo juntos o enfrentar los problemas a cuero pelado como madre soltera.

Y otra muy importante es la independencia. Yo disfruto mucho de la mía y del hecho de estar sola. Me cuesta depender o tener que tomar en cuenta a otra persona a la hora de decidir qué quiero hacer. Prefiero hacer planes sola, porque así los puedo cambiar sin consideraciones. Una evaluación optimista sería decir que con hijos la independencia disminuye considerablemente. La primera consideración pasa a ser, justificadamente, el hijo. Pero sé también que cuando esté en esa posición no tendré problema en hacer a un lado mi independencia. Entiendo que una vez que tienes un hijo no parece el sacrificio que parece ahora.

Y me he dado cuenta que la pregunta de tener hijos es una que la mayoría de las personas dan por respondida. Muchos ni siquiera dedican unos minutos a pensarla. La respuesta es sí, porque sí. Sobre todo las mujeres, que muchos asumen erróneamente siempre que queremos tener hijos por aquello del instinto maternal.

Así que he estado pensando en porqué debería tener hijos. Necesito mejores razones que “porque sí”. Tienen que haber mejores razones que esa, ¿no creen?

La primera razón sería precisamente la que lleva a esa respuesta automática de “porque sí”. Queremos engendrar algo, tener un ser nuestro, verlo crecer, moldearlo, educarlo, brindarle oportunidades, disfrutar de sus logros, apoyarlo cuando lo necesite, hacerlo feliz; que incluso cuando llevemos décadas muertos aún exista una huella de nuestro paso por este mundo en la forma de hijos, nietos, etc. Pero todas esas razones, aunque válidas, no son precisamente MIS razones.

Sí quiero tener hijos pero no sé aún porqué.. ajá… aunque suene a calamidad. Y observando la cara de extrañeza de la doc por la letanía que dí como respuesta, sonrío y le digo: ¿Ya ve?… para que me pregunta, lo que sí es que eso de reproducirme se me hace una muy buena razón que implica el que siga yo teniendo sexo, así que por el momento eso es lo que suena lógico para mí.