Sabrán que yo de belicosa no tengo nada, es más, mi corazón de gallina me enorgullece, eso de andar peleando y defendiendo el honor por mero gusto no es para mí, así que si viviera yo en el viejo Japón siendo un jovenzuelo a edades de agarrar espadas seguro ya hubiera muerto con el gaznate rebanado a manos de algún bárbaro.
Siempre había pensado que aquellos brillosos hierros cromados que usualmente vemos en las películas y que empuñados por Ninjas saltarines se asemejaban mucho al cuchillo mas filoso de la cocina con el que corto la cebolla, pero ¡oh inculta de mi!, ayer hurgando entre libros de ilustración y arte japonés, me encuentro con que las espadas samurái son una de esas bellas artes del antiguo Japón. Su proceso de elaboración, todo el arte y misticismo que encierran las hacen algo merecedor de conocer su historia.
Datan de por allá poco antes del siglo X en donde los samurái (cuyo significado es “los que sirven”) usaban sus heroicos servicios para servir y defender a los señores feudales de la guerra. Sus espadas eran armas tan poderosas que tenían la fuerza para cortar un ingenuo individuo en dos partes haciéndolo finos bisteces, así como la precisión para cortar un cabello humano.
La Katana

Después vendría La Katana, la espada samurái por excelencia, una espada que se desarrolló en el siglo XVI, hermosa y artística dotada de una filosísima hoja, proviene de los minerales sacados de las minas al suroeste de Japón, un lugar llamado Simane.
Metiéndonos a cuestiones químicas y metalúrgicas, los minerales de este lugar, sobre todo la arena de hierro que es de las más puras, baja en azufre y fósforo (los cuales lo debilitan) sirve para producir un acero único que conserva su carbono, el cual no se funde del todo, dando fuerza externa (dureza) y al mismo tiempo una flexibilidad interna (resistencia) que a altas temperaturas de más de 1200 grados centígrados y en hornos tan extraordinarios que utilizan cantidades industriales de carbón (20 toneladas o más) que producen el milagroso acero con que se forjan las espadas mas afiladas; y además imaginen eso en las manos de algún experto samurái, pues las hacen las más letales del mundo. Leer el resto de la entrada »








