Escuincles

Palitrochadas

Odio a los chiquillos.

No es cierto, no a todos pues. Sólo a algunos.

Mi relación con los escuincles ha tenido sus altibajos. Cuando tenía unos 8, 10 años amaba con A de Amor a los infantes, pero así bien cañón. Tenía complejo de nana y me encantaba andar cuidando niños más pequeños y llevarlos a los columpios, a la resbaladilla, jugar a la comidita, y sus etcs., para beneplácito de las amigas desobligadas de mi madre que me los encargaban sin darme un centavo o algún incentivo. Suelo decir, medio en broma, medio en serio, que yo me acabé la paciencia (en general) antes de los 12.

Todavía me gustan, creo que son brillantes, sobre todo cuando no cometes el error de tratarlos como si tuvieran el cerebro de una esponja. Hablar con un niño, pero hablar en serio, sin payasadas, muchas veces resulta esclarecedor, divertido, y en el cien por ciento de los casos, sorprendente. Lo que me molesta son los niños maleducados que te encuentras en las plazas, en el super, en el cine, y que ni “con permiso” saben decir. Pero eso no es culpa de ellos, sino de sus flojos y condescendientes padres, incapaces de enseñar dos ápices de educación porque hoy hay futbol y no me puedo perder de ver a Ricky en La Voz. No toda la gente debería de tener hijos, es como todo en la vida, el simple hecho de poder no significa que de hecho debas de.

Antes de sacar a mi doña interna, me estaba acordando que cuando estudié la primaria, estaba de moda (no sé si aún siga) una práctica dictatorial, y supongo que a muchos grados poco didáctica (si no es que con cero utilidad), que se llamaba elegir al “Jefe de Grupo”, así como tribu de entes silvestres que necesita que uno de sus iguales le recuerde el status quo. Tenía mi mejor amiga que era también totally teacher’s pet, y siempre éramos la jefa y la subjefa de grupo, o viceversa.

Entre tus “responsabilidades” estaba fungir como carcelero cuando la maestra salía a la Dirección, o a una junta (que supongo es sinónimo de voyafumarmeuncigarroantesdecometerinfanticidio) y te ponían a apuntar a los que se portaban mal (o sea, en la cárcel por menos te meten un navajazo, afortunadamente en mis tiempos los niños iban a la escuela solo con borradores y tijeras de punta chatita) como la más vulgar de las delatoras. En mi salón había un Carlitos (siempre hay uno ¿no?) que era la encarnación del demonio puesto en crack. Obviamente siempre traía atrás de mi a Carlitos (jajaja me acuerdo perfecto que además de apuntarlo le iba poniendo rayitas) rogándome “Por favor bórrame”, “Es que no te puedo borrar” “Aaaay no seas mala ondaaa por favor ándale ándale bórramebórramebórramebórramebórramebórramebórramebórrame” “Bueno, si te sientas y te callas te quito una rayita” ¡Suplícame gusano! Ah, el poder, dictadora wannabe.

Su mejor amigo, Pedrito (que además de eso cubría el papel de patiño/guardaespaldas) era el encargado oficial de cuidar la puerta. “Ahí viene la maestra, ahí viene” Complejo de vigía, tenía el pinche Pedrito. Llegaba la Maestra y yo le pasaba la hojita con los delicuentes juveniles, que no recuerdo que les hacían, supongo que los dejaban sin recreo, o los ponían a hacer planas en cursiva, o alguna pendejada similar, después de todo, no le vas a ir a contar a las monjas cómo castigar cristianos.

Sí, yo era esa niña que odiabas, ¿y?

Supongo que por eso, ahora los Carlitos del mundo me cobran las rayitas que no les borré.

Sin comentarios »




Otra de taxistas

Cosas sexosas, Palitrochadas

Entiendo que mi fuerte personalidad y extasiante belleza enloquecen multitudes y arrasan corazones. De taxista.

Quienes me honran con su visita recurrente a este espacio personal lleno de letras sin sentido, seguramente recordarán aquel post en el que cuento el extraño episodio de taxidriver en el que me vi envuelta.

Debido a la serie de burlas y especulaciones suscitadas a raíz de aquel taxista inmundo y ruin, creo indispensable contaros otra desagradable historia para que de una vez por todas no formulen puercas hipótesis sobre mi persona y vuelva yo al nicho de pureza y castidad que me he ganado y en el que sé todos vosotros me han tenido siempre.

Salíamos ya tarde de la céntrica casa de un amigo que ofreció una tertulia por su cumpleaños y después me separé del grupo y dispúseme a continuar con mis correrías hasta que el sol saliera. Es así que caminaba yo, toda inocente por esas calles de Dios que aunque tarde estaban llenas de gente ociosa y vaga que no sabe que las noches se han hecho para dormir, cuando un coche suavizó su marcha junto a mí.

De reojo percibí era un taxi, así que asumí era uno de esos necios que piensan que aunque digas que no, muy en el fondo quieres taxi y te siguen un rato hasta que te animas. Así que volteé y con todo el acervo de mímica aprendida en la escuela francesa y jugando al pintamonos le dije: no, gracias. Pero igual siguió lentamente escoltándome y después de tres cuadras, se me hizo sospechoso. Vaya, perspicaz que soy yo y nada más.

Por la ventana alcancé a ver movimiento, más estaba tan oscuro que no distinguí la causa y en ese momento una patrulla pasó casi tan lenta como el tipo. Y como por arte de magia el taxi normalizó su marcha y se fue. Así que olvidé el asunto y seguí mi camino. Planeaba yo llegar a casa de una amiga que no vivía lejos de ahí con el rayo de sol a tiempo para desayunar y en eso estaba pensando cuando otro taxi se emparejó a mi lado. Ah caray. Nomás que no era otro, era el mismo y lo descubrí por unas calcomanías que supongo pertenecen a su paradero o algo así.

Y mientras comenzaba a conjeturar las razones por las que un taxi me estaría siguiendo, el tipo sacó su cochino miembro viril y le dio tremendos jalones mientras se levantaba del asiento para que esta vez sí lo viera. Y sí lo vi, no les digo. De inmediato recordé que ya me había topado antes con esos mequetrefes exhibicionistas pero ¿Qué había que hacerles? ¿Reírse o gritarles improperios y groserías? Ah no, eso es cuando se te aparece un fantasma, pensé. Aunque igual funciona porque según la teoría psicoanalítica lo único que quieren los pobres es darte un susto, ver qué cara pones y luego se irán.

Y planeando mi táctica de ataque me encontraba cuando abrió la ventana y en lugar de huir me invitó a pasar a la comodidad de la unidad “para darle gusto al cuerpo”.

¿Darle gusto al cuerpo?… ¿Darle gusto al cuerpo?!!  ¿DARLE GUSTO AL CUERPO?!!!

Mi paciencia se acabó. La cabeza me hirvió y estuve a punto de bajarlo del coche para darle gusto a mis puños propinándole unas buenas cachetadas. Pero entonces recordé que no era su culpa, si me encontrara en la calle conmigo misma, seguro también me acosaría. Cómo evitarlo. La culpa estaba en mí. Así que sólo grite un sonoro y firme NO y el tipo huyó en su taxi.

Hasta que apareció algunas cuadras adelante.

Así que me detuve con los primeros taqueros que encontré, hombres nobles y armados con grandes cuchillos capaces de partir hasta al perro más correoso. Y comiendo tacos me quedé hasta que el tipo se cansó, esperando que mis malos modos al comer y la cebolla que engullía con voracidad lo desilusionaran suficiente y lo hicieran desistir. Y luego de un rato estacionado a lo lejos se fue. Y algunos tacos después el sol salió e infraganti me volvió a agarrar.

4 Comentarios »

Yo no soy buena persona

Palitrochadas

Yo no soy buena persona, lo sé, pero…  ¿quién soy yo para juzgarme?

Me entero que le gusto a alguien desde hace 2 años, ¡dos años!  Medio me había dado cuenta pero me valía madres. Repaso bien todo antes de dejarme ir por mis arrebatos.

Trabajamos desde hace algún tiempo en algunos freekis. Es más chico que yo y ya no le vuelvo a entrar a esos actos. Lo más importante, el muchacho no me gusta, es más ni siquiera me cae bien, sus chistes son insípidos, vaya, que no me imagino con él ni caminando.

Algunas veces el estrés laboral actúa en mí como el alcohol, tanto que un día lo vi guapo, pero solo fue un atisbo y regresó mi lucidez. Él se pone enfrente de mí  y me ve y me ve, toma un respiro y me lo dice. Él quiere que seamos novios. Y yo no respondo nada, no se me ocurren las palabras menos hirientes, las que serían más sensatas a usar en estos casos.  A mí me da pereza explicarle porque no podemos serlo, aun así se lo digo.

Hasta hace no mucho mandaba mensajitos todos los días diciéndome que me ama… chales, yo no contestaba. Estaría bien que me visitara los días que no me peino, a ver si opina lo mismo.

Le conté a las amistades y la más aventurada me sugiere hacérmelo fuckfriend.
En algún tiempo si que hubiera hecho eso, yo no soy buena persona; pero yo ya no estoy para esos trotes, esas cosas vienen con karma en la etiqueta y yo no voy a romper corazones que se ponen de pechito.

Finalmente, después de unas semanas me escribe que ya entendió que no quiero nada con él.

Y sí, yo quiero dar un chingo de besos, abrazos y coger hasta que se me disloque la espalda, pero haré el esfuerzo porque sea a alguien que por lo menos se merezca mi admiración.

2 Comentarios »

Dichos populachos

Palitrochadas

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Y por eso hay que cogerse al que te gusta o la que te gusta antes de que se case. No vaya a ser la de malas.

Contigo, pan y cebolla.
Y clorets con clorofila.

Mal de muchos, consuelo de tontos.
Cuando te engañe con otra, puedes ir con su ex a comprar zapatos.

Genio y figura hasta la sepultura.
Primero muerta que ser vista en mallones blancos.

En boca cerrada no entran moscas.
Ni salen pendejadas.

Haz bien sin mirar a quien.
Sé amable con toda la gente. No sabes el día de mañana de quién vas a necesitar un favor.

Hombre prevenido vale por dos.
Más vale chaqueta en casa que veinte penosos segundos. O es mejor cargar condones que irte a tu casa con blue balls.

Mucho ruido y pocas nueces.
Cuando alardea taaaaaaaaanto de sus facultades, desconfía, yo sé lo que te digo.

A caballo regalado no se le mira el diente.
O lo que es lo mismo, en tiempo de guerra… (o como dice uno de mis mejores amigos: “Ni que fuera Dios para perdonar).

Matar dos pájaros de un tiro.
En realidad tirarte a tu novio y a tu amante al mismo tiempo no es un reto, es adecuada coordinación. Recuerda que la depilación brasileña no es eterna.

A palabras necias, oídos sordos.
Sí, sí, sí, te juro, te juro que voy a cambiar (Ay corazón, seriously?)

Más vale maña que fuerza.
Nada nada qué. Échenle ganas… no hay que ser huevones.

Ojos que no ven, corazón que no siente.
Frase favorita de la novia “oficial” de un amigo. Mi amigo tenía una novia diferente cada fin. No, en serio, era como su mantra.

Y como decía una de mis profesoras… A cada capillita le llega su fiestecita (antes de ensartarnos con un examen sorpresa, bitch).

4 Comentarios »

Maculada

Palitrochadas

A pesar de a veces no dormir, suelo comenzar el día con un baño, justo como todos ustedes mortales. Creo firmemente que el baño embellece a las personas y a las deidades olímpicas, quizá sea por el efecto de los vapores y el agua, o en mi caso, la sangre de vírgenes y leche de mil burras en que me sumerjo. Pero no son las mismas piltrafas las que entran que las que salen del baño. Aunque ahora que lo pienso, hay gente que luce horrible recién bañada, como pollo remojado y descolorido. Y oliendo raro, no a limpio sino a cocido, como si estuvieran haciendo caldo del susodicho mal bañado.

Pero el chiste es que esta mañana salí del baño y procedí a revisar en el espejo si mi aspecto seguía tan lozano y rozagante como antaño y efectivamente, así era. Mas cuando me disponía a examinar mi griego perfil, descubrí algo extraño. En la comisura de mis labios había una mancha roja que subía trepadora hasta una distancia considerable. Recordé a aquella compañera del kinder cuyo almuerzo consistía en un sándwich de chorizo y un Frutsi de uva y que vivía con unos permanentes bigotes color Frutsi de uva. La envidiaba en silencio porque yo quería de su bebida morada, pero sólo me dejaban tomar Frutsi de manzana y eso, si había un paseo o excursión, porque el Frutsi de uva según mi progenitora era pura pintura.

Y ahí estaba yo, con una mancha como la de aquella niña de bigotes púrpuras que debe haber muerto de gastritis a los 6 años, nada más que de un sólo lado, como cuando a las chicas se les pasan las copas y se embarran el lápiz labial rojo tentación hasta las orejas, igualita me veía. Un escalofrío recorrió mi espalda y por un momento temí no sólo ser sonámbula sino prostituta barata. Así que traté de quitar el maquillaje y la deshonra, pero ni uno ni otro se iban. Y entonces temí no sólo ser prostituta y sonámbula, sino usar maquillaje de aceite, que además de indeleble es malísimo para el cutis.

Después de un rato de frotar entendí que no era pintura y tenía que ser algún piquete o lesión, pero no me dolía, picaba ni daba comezón. Y cuando consulté a los cortesanos a mi alrededor me dijeron cosas necias como ¿No se habrá usted quemado? o la aún peor ¿No te mordió alguien? O la difamatoria ¿no será una mancha fruto de alguna enfermedad de amores prohibidos?… pff…

Generalmente me doy cuenta cuando me muerden o me queman, procuro hacerlo y también soy cautelosa con mis amores prohibidos. Aunque después de pensarlo un poco, la opción de la quemada no parecía tan descabellada y es que dejen les cuento: Sucede que guardo en el congelador los remanentes de las aguas frescas, dejo que lleguen al estado sólido hasta hacerse un delicioso hielito y luego lo abro enterrando un cuchillo, como quien llega a conquistar un Polo Norte.

Y con ese mismo cuchillo me lo como a pedazos. Porque las hembras bragadas tomamos nuestro hielito con cuchillo y además lo masticamos. Pero hace apenas unos días que el cuchillo se congeló, se me pegó en el labio y me quitó un pedazo de hocico que me dejó
sangrante y vacilante frente al amenazante hielito. Mas eso ocurre sólo en los labios, no afuera de la boca ya casi en el cachete. ¿A quién, o peor aún, qué habría yo besado para merecer esto?

Afortunadamente apenas salí a la calle, el plomo y heces fecales en el aire hicieron su magia y la mancha desapareció tan de súbito como llegó, devolviendo la belleza que me caracteriza, aunque dejando para siempre la pregunta sobre su origen.

1 Comentario »

Olvidar para volverlo a hacer

Palitrochadas

Dicen que el dolor de traer chiquillos al mundo es muy fuerte si se hace por la vía natural. Todos hemos visto, por lo menos en las películas como, cuando una mujer está dando a luz grita incontroladamente, suda, llora, puja, respira. Todos hemos visto o por lo menos escuchado, que parir duele y duele mucho. Sin embargo hay mujeres que se avientan a  tener más de un hijo. Pero, si el dolor están fuerte ¿porque vivirlo dos veces o más?

La teoría más conocida es que la mamá olvida ese dolor pues así está programada por naturaleza. Si no fuera capaz de olvidarlo, no sería capaz de volver a tener hijos.

Me pregunto entonces si esta teoría aplica cuando del amor se trata. Todos nos hemos enamorado, por lo menos una vez (o eso espero, porque si no, no saben de lo que se han perdido). Y todos nos hemos desenamorado, por lo menos otra. El amor trabaja a la inversa que el parto. Enamorarse no duele nada. Se siente, como supongo que se siente, cuando ves a tu hijo por primera vez. Todo se borra. Todo es felicidad.

Entonces el desamor se puede comparar con la labor de parto. Duele y duele un chingo. Gritas, sudas, lloras, pujas, respiras. Juras nunca volver a pasar por eso. Y digo que el amor trabaja a la inversa porque en el parto después del dolor viene la felicidad; pero en el amor, después de la felicidad parece que solo viene el dolor.
Si nos hemos enamorado más de una vez eso quiere decir que tal vez -sólo tal vez-  nuestra naturaleza también está hecha para olvidar el dolor y luego repetir la experiencia del amor. Sino, nadie lo viviría dos veces. Sino, nadie tendría a mas parejas. Así que es aquí donde se puede dividir el miedo (porque al final el dolor causa miedo). El miedo que todos piensan que le tienen al amor no es miedo al amar sino al desamor. ¿Por qué habríamos de tenerle miedo a una sensación que provoca felicidad? No le tienes miedo a las alturas sino a caerte desde arriba. Entre más alto más duro el guayabazo.

No. El amor no duele. Duele el momento en el que dejas de amar, en el que te dejan de amar. El dolor de parir la idea de que no estarás mas con esa persona. O que esa persona ya no te hace sentir lo que te hacía sentir antes. Gritas, lloras, pujas, respiras.

El pavor de la desintoxicación (es más fácil ser adicto que desintoxicarse). El pavor de sufrir, como todos sabemos cuándo se muere algo, alguien, todo.
Entonces ¿será misericordiosa la naturaleza y nos dará el don de olvidar el dolor para un día volvernos a enamorar? ¿Nos ayudará para que un día se nos quite el miedo de caer? Como siempre, creo que  la naturaleza hace su parte pero nosotros también tenemos que poner de la nuestra y tal vez fingir olvido para vivir amor.

Comments Off

¿Que sería bueno llevar?

Palitrochadas

Por recomendación de un grupo de pupilos al que di clases de arte meses atrás, fui requerida a manera de apreciación y agradecimiento a mi persona a un convivio en el que ellos y su prole iban a festejar el dejar el cobijo de su Alma máter para adentrarse al mundo real con conocimientos nuevos recién desempacados.

Se iban a graduar de la universidad pues.

Ya me hacía yo entaconada y enfundada en un vestido vaporoso para tal evento, pero no, al parecer las cosas ya no son como antes, ya que me dijeron que aquello era de carácter informal.

Informal? Una fiesta de graduación?

No entiendo a la juventud anoréxica y alcohólica de hoy que se conforma con que en sus fiestas haya cerveza barata. Y se sienten afortunados si en su mesa tienen Sabritones rancios, esos chicharrones de harina que dicen tener limón pero sólo están retacados de ácido cítrico suficiente para corroer las tuberías de la ciudad y exfoliar los rostros grasientos de tres generaciones de adolescentes acnéicos.

Qué les costaría tener una cena ligera con sus tres tiempos y entonces sí, un baile de máscaras y convite para que sus invitados gozaran departiendo a la luz de las velas mientras que el faisán y el áspic de foie gras les hace digestión. Pero no, resulta que lo de hoy es celebrar en lodosos terrenos baldíos y brindar con vasos de unicel. Qué digo vasos, contenedores, tambos en los que puedan tomar aquella cerveza barata que mencioné antes por litros. Los mismos litros que nunca en su vida tomarían de agua, no se les vaya a recargar el riñón.

Pero en fin, que la cosa es de coperacha… (válgame Dios)… so… cuándo pregunte que sería bueno llevar, invariablemente me dijeron que “lo que vaya usted a tomar”. Y claro, como mujer de mundo que soy, deben pensar que llegaré con una extraña botella de Absenta o una antigua cosecha de vino francés, pero sucede que últimamente no acostumbro el alcohol ni los estimulantes del sistema nervioso central. Aunque no llevaría agua simple, así que no haría la ridiculez de llegar con mi garrafón de agua Ciel, y tampoco voy a llevar mi propia infusión de hierbas como viejita loca, ni té en una botella de refresco como ese pobre compañero de la escuela que llevaba una botella de plástico verde con una extraña infusión que él llamaba té y estaba cargada de cuerpos extraños y natas que flotaban muertas en el centro de su botellón.

De ninguna manera me creo capaz de ser como esas niñas kermesseras y aparecerme con una cazuela de chicharrón en salsa verde, o como otro compañero de la escuela primaria, una de arroz con huevo duro. ¿En qué estaba pensando su señora madre? ¿Saben qué pasó con esa cazuela de arroz con huevo duro?

¡Nada!

Estoy segura que si regreso al salón de mi escuela primaria encontraré el esqueleto de la señora Gutiérrez, mi maestra, y la cazuela de arroz con huevo duro aún intacta. Pobre señora, imaginen que tantísimos años después yo sigo aquí injuriándola en mi blog por su infame cazuela de arroz con huevo duro. Por eso yo no me arriesgaría.

¿Qué debería yo llevar?

Me preocupa que digan que la maestra de artes no está “In”. Tengo una reputación que debo cuidar.

2 Comentarios »

Dog attitude

Palitrochadas

Miraba el otro día a mi perro con atención.

Sin importar si ha sido un día bueno o un día malo él mueve la cola. Siempre.

Está satisfecho con unas pocas caricias, con usar la lengua para asearse las verijas y un plato de comida. Tiene una vida “normal” y es feliz con eso.

Yo debería querer una vida “normal” y debería ser feliz con eso. (Should I?)

No me gusta medirle el tiempo a las cosas, pero dicen que si no se las mides la vida se te va como río y se lleva los sueños anhelados a alcanzar.
Ha pasado más de un año. Han pasado catorce meses. Contemos como si fuera un bebé, porque así se ha sentido, como parir. Bueno, en realidad no sé lo que se siente parir, pero debe ser harto incómodo y doloso.
Odio quejarme, pero no quiero seguir llorando porque busco y no consigo. No estoy tranquila profesionalmente, ni soy feliz. No quiero aceptar que fracasé hasta ahorita en mi aventura, pero no voy a vivir con incertidumbre y miedo.

A pesar de que yo soy disciplinada, ningún día es igual y mes a mes hago menos dinero y me rinde cada vez menos. Una de las cosas que me tiene así de triste, siempre, es que no tengo estabilidad de ningún tipo. Ni emocional, ni laboral, ni económica. Las últimas las necesito para sobrevivir y la primera para “vivir”.  Necesito tener estabilidad en algo y creo que una rutina laboral me puede ayudar en eso.  No es un fracaso o un tropiezo: es culpa del capitalismo y el socialismo que han desestabilizado todo el mundo. (A algo hay que echarle la culpa)… en fin, uno hace lo que cree es correcto; o, tira una moneda… para culpar a la vida.

Pero no. Yo no hago eso. Yo voy a ser lo que yo quiero, plena y feliz. Haré lo que mi perro, si algo no se le da, se adapta y vuelve a intentar y vuelve a hacerlo y vuelve a hacerlo.
Buscar la tranquilidad, ese es mi objetivo sin dejar que el orgullo defina mi vida.

No hay nada de malo con una vida “normal”. Me quiero convencer de eso.

Dog attitude, that´s what I need. Y lástima que no me pueda yo asear las verijas con la lengua, otra cosa sería. (Por cierto, si los humanos pudieramos hacer eso, ya nos hubieramos extinguido. Jo!)

2 Comentarios »

Puta gestación

Palitrochadas

Las palabras más tristes, el grito más sordo, el coraje más profundo y el dolor más frustrante. Todo lo que una persona encierra en sí misma, todas las cuentas cobradas por las propias ineptitudes. Nunca tan castigada y tan confundida; a cada paso salta una congoja, la paz es buscada desde hace años y esa culpa de saber que no se hacen bien las cosas no solo carcome, también lastima, demerita el amor propio, quita lucidez, arrebata la claridad. Una cosa para tratar de componer otra; otra para medio remediar la pasada y la presente y la futura por que de seguro ya la cagué otra vez.

La capacidad no es, no fue suficiente; la pasión tiene que ser reemplazada por que no sirve aquí; el gusto es pisoteado por las razones sociales más estúpidas. Mi claridad de querer decir las cosas a diestra y siniestra tiene que ser dominada por la prudencia. La melodía más obscura y altisonante me ha regido por todo este tiempo y siento que ahora debo soltar, aflojar, ceder, cambiar.

“Renacer”. Así se siente, así se sienten los cambios pero por más que desee que la transición sea más radical, más violenta y definitiva… no sucede.

Es como romper el cascaron, quitar partes, tomar aire y regresar al huevo, o al útero. Entregar demasiado poder a alguien más, vaya peligrosa cesárea.

Siento que esto de los cambios viene como nacer bajo el agua, recibir al mundo desde el mismo elemento y luego, suavemente, ir emergiendo como lo que sea que se gestó.

Estoy harta, estoy cansada de sostener la respiración hasta que finalmente venga mi nacimiento.

Puta gestación.

Comments Off

Del otro blog

Palitrochadas

Sinceramente, esta semana no pensaba postear, otra vez. No he tenido tiempo ni ganas de escribir. Últimamente hay temas que no me dicen nada. Todo me parece demasiado cliché y de lugares comunes pero mi orgullo de postear cada semana sin fallar empezó a picarme en la nuca.

Sí, un par de veces he posteado cosas que ya había escrito anteriormente, pero al actualizarlas, prácticamente tuve que reescribirlas, así que no las veo tanto como refritos. Todo esto me llevó a pensar en rescatar algún post relacionado con el tema de mi otro blog.

Si, tuve otro blog.

Durante una temporada tuve un blog paralelo en donde posteaba con otro nombre sobre cosas que no solía tratar en este, mi blog “oficial”. Los motivos por los que abrí aquel blog fueron validos en su momento y en cuanto dejaron de serlo, lo cerré. Pero en el inter, escribir bajo pseudónimo (¿otro?) me ayudó a darme cuenta de lo mucho que —al contrario de lo que siempre pensé— me autocensuraba en mi blog mainstream. Por un breve espacio de tiempo pude escribir cosas que jamás hubiera publicado aquí. Cuando aquella temporada llego a su fin simplemente desaparecí a mi alter ego. De hecho, aquello no fue un final de temporada nada más, fue el final definitivo, el último capítulo de una historia alterna de la que aprendí mucho sobre qué no hacer en una relación (enseñanzas que ahora mismo estoy aplicando con resultados muy satisfactorios)

Gracias a todo eso ahora veo mi propio blog con otros ojos y bajo otra luz; muchos de los que me leen lo han notado; atrás quedaron los días cuando mantenía el kayfabe en todo momento. Ahora ya no me interesa enganchar a la gente, simplemente deseo escribir lo que quiera y cuando quiera. Es curioso cómo la gente se sorprende por el tono que ha ido tomando lo que escribo últimamente, curioso porque asumen que si antes no hablaba sobre algo, era porque no existía. Supongo que muchos siguen creyendo que yo soy mi personaje. Lo soy y a veces no.

En fin, no voy a usar alguna analogía sobre algún final/inicio de temporada en mi vida, no, esa parte siempre ha estado ahí, simplemente ahora me da la gana escribir sobre ello. Un poco de sol no le hace daño a nadie.

Y así cumplo con la entrega de la semana, me deshago de la picazón en la nuca y puedo regresar a ponerle atención a mis procesos de vida.

Los quiero por seguir aquí a quienes aún están.

1 Comentario »



La Palitroche. Diseñado por Julia Román y programador por MOiSTER.