Yo no sé mucho de hombres (oh Dios! no como yo quisiera) pero los hombres con quien he compartido espacios, amistad, amores, aventuras y dolencias emocionales me han enseñado dos tres cosas y bueno, me han hecho correr a investigar otras tantas.
De entrada, he descubierto que los egos de los masculinos son más delicados que los nuestros, aunque no lo crean. Por lo general, al masculino le molesta que le empujes a ir más de prisa de lo que puede, que le digas que lo está haciendo mal, que respires en su nuca, que seas su víctima y que te muestres dominante o te sientas decepcionada. Que esperes que se equivoque, que nunca seas agradecida y que sea difícil complacerte. Cierto hombres o estoy mal?
No es justificación, pero las mujeres tendemos a volvernos dominantes bastante de prisa en una relación porque constantemente miramos hacia el futuro y no crean, sí sabemos lo que queremos, nos formamos una idea clara de ello; aunque en ocasiones olvidamos que nos llevará bastante tiempo recorrer ese camino… y como tememos no conseguir eso que tanto anhelamos, solemos actuar de las formas más horripilantemente extrañas.
Y es que por lo general a ustedes hombres… saben?… no los consideramos seres humanos tridimensionales. Todas confeccionamos una tremenda lista mental de las cualidades que nos gustaría que demostraran y por lo general consumimos cantidades industriales de energías en comparar sus virtudes con dicha lista que al final de todo nos perdemos lo mejor de ustedes. En efecto, algunas veces tendemos a considerarles meros accesorios de nuestras vidas. Nos formulamos preguntas como: ¿me presta bastante atención?, ¿viste bien como para que lo vean conmigo?, ¿es guapo?, ¿es solvente?, ¿cumple con todo lo que me han enseñado que debe tener un hombre?
Debido a que nos enseñan que valemos más o menos en función de que tengamos o no un compañero a nuestro lado, miramos a los hombres a través del filtro de nuestras necesidades y deseos, no siempre los consideramos seres independientes con su propios intereses, preferencias, opiniones y necesidades; sólo ansiamos cotejar sus características con una lista de atributos caballerescos con el fin de comprobar con cuales cumplen.
Y si alguno de ustedes satisface una cantidad suficiente de requisitos decidimos que voalá!!… hemos dado con el hombre de nuestra vida. (Aunque es posible que ni siquiera le conozcamos realmente).
Y es que conocer a un hombre significa saber qué siente por su familia, que estilo de vida le hace feliz, cuáles son sus inseguridades en el trabajo y que importancia tienen sus amigos en su vida. Pero también implica estar al tanto de que le encanta la comida china, odia cortarse el pelo y no le apetece hablar por la mañana hasta después de su café. Conocer a tu pareja es reemplazar la famosa lista de cualidades por una lista personal, significativa y realista.
Esas listas cargadas de idealizaciones surgen de lo que nos enseñaron de niñas, de cómo era la relación de nuestros padres, de lo que vimos en la televisión y de lo que dicta la sociedad como “lo normal”.
Nosotras nos preocupamos por el futuro o repasamos el pasado mientras ustedes hombres viven el momento y probablemente disfrutan de la relación tal como es. Y cuando presionamos o exigimos demasiado ustedes se ven obligados a retroceder porque nosotras avanzamos con fuerza. Pero también si no lo hacemos ustedes ¡no se mueven! y podrían estar mucho tiempo así (algunos toda la vida, ni me digan que no).
Y si, por lo general eso nos hace sentir impacientes y fuera de control, es entonces cuando nos sentimos incapaces de controlar los sentimientos y queremos que algún agente externo (de preferencia ustedes) nos haga sentir mejor. Sin embargo, en lugar de exigirles tanto podríamos comunicarles cómo nos sentimos y permitirles acercarse a solucionar las cosas. Y bueno, es ahí cuando podrían hacer el esfuerzo y escuchar al menos 5 minutos.
Para nosotras no es A o B, no es blanco o negro. Es difícil darnos cuenta de que si nos relajamos las cosas nos llegarían en el momento apropiado. Queremos todo al instante.
Nos cuesta tomar la iniciativa en muchas cosas por más que gritemos a voz en cuello que somos independientes, porque nos educaron a que había que esperar a que él te hablara, él te invitara, él te propusiera, él lo arreglara.
En la educación que hemos recibido todo conspira para decirnos en forma directa, indirecta o sutil que no seremos felices a menos que un hombre ocupe el centro de nuestra vida. Aún entre tanto feminismo bien intencionado, el viejo modelo fantasma de relación sigue ahí gritando a voz en cuello que las relaciones de pareja son fundamentales para nuestra existencia.
Así que debido a que no tenemos un modelo a seguir que vaya de acuerdo a la época, pues se hace lo que se puede. Y mujeres… en esos momentos es necesario recordar que contamos con el poder de atraer hacia nosotras aquello que deseamos como si fuéramos un imán. Y la verdad del Universo es que somos nosotras las encargadas de generar y de llevarla relación de pareja que queremos, nadie más.
Y bueno, ni es tan difícil lidiar con nosotros hombres, como decía Oscar Wilde: Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Porque eso si les aseguro: si dan amor, comprensión, lealtad, buen sexo y atención a una mujer, en la mayoría de los casos es recíproco y en mucho mayor medida de lo que pueden esperar. Quítense de pedos y ahórrenoslos a nosotros.