Comercialuchos engañosos

Palitrochadas

Y que voy a preguntar por un crédito hipotecario. Dicha acción de mi persona fue inspirada en un engañoso comercial de un famoso banco de aquí de la comarca. El comercialucho ese me hizo creer que mi vida podía ser maravillosa porque salen unos jóvenes trabajadores dueños de un flamante loft en pleno centro de la ciudad gracias a “tu super primer crédito hipotecario (¡!!)”

Resulta pues que con el centavero sueldo que gano y las raquíticas perspectivas de mi futuro no puedo aspirar más que a un miserable departamentillo de 35 metros cuadrados a la orilla de las orillas de la ciudad; allá por donde el viento toca base, dice “1,2,3 por mí” y se regresa. Y así no puede ser.

Leía el otro día en una revista que el hacinamiento en lugares pequeños provoca la inflación de las glándulas suprarrenales (comprobado por Edward T. Hall).  Y yo, yo no quiero mis glándulas suprarrenales hinchadas. Estoy acostumbrada a dormir en una habitación grande, en una casa grande, con un patio grande. Supongo que tengo un problema.

El marchanto del banco no se carcajeó a mis expensas y en mi cara por mera cortesía. Para poder tener de menos uno de esos loft que promociona muy chic el puto comercial tendría que pedir un crédito a 50 años. Pero me dijo que no dan créditos a 50 años.

Ash!

Y es que aunque no se note mucho soy una mujer precavida, paranoica y maternal. Me gusta tener mis cosas en orden y pensar en mi futuro. Y esa clase de mujeres no pagan renta; dicen que se compran casas y luego viven ahí solas con sus gatos hasta que alguien las encuentra en estado de descomposición.

Ave sea pues, pero al menos si mi fin va a ser ese, quiero que mi bello cuerpecito se descomponga en un lugar amplio y con terraza hacia un paradisíaco jardín, faltaba más.

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¿Imán de patanes?

Palitrochadas, Para oídos sordos

Hace días me habló un sujeto con el que salí hace ya tiempo, para decirme que encontró el anillo que perdí en su coche. La verdad es una baratija, pero es de un gran valor sentimental para mí.

Lo olvidé por un auténtico descuido -de verdad- , que en su momento me pareció afortunadísimo porque el muchacho en el momento me agradó y era un pretexto fortuito para volverlo a ver. (A mis edades, en cuestiones del romance aún me vengo manejando como una adolescente atrabancada de 15 y todavía a veces la cago).
Recuerdo que cuando le hablé al día siguiente para hacerle saber lo de mi anillo, me dió el avión diciéndome que quizá lo buscaría o bien que recordara dónde lo deje porque probablemente lo habría yo perdido en otra parte.

Estúpido, pensé yo. En fin, no le culpo. Yo olvidé mi preciada pertenencia en el auto de un desconocido. Mi responsabilidad. Pero me sentí profundamente ofendida por “la falta de delicadeza” porque no sólo perdí el anillo; parecía importarle lo que un pelo de gato la preciada pertenencia de alguien, por más desconocida que fuera. O sea, nomás tenía que decirme cuando lo encontrara y ya, puro drama pues.

“Otro patán”, pensé. “Otro patán con el que me encuentro en mi reducido mundo”, pensé más. “Otro patán que atraje con mi imán de patanes”, repensé.
Y fue ese último pensamiento el que me dejó fría. Bueno, digamos que tibia entre mis calurosas emociones. “Otro patán que atraje con mi imán de patanes??”. ¡Vaya! Acaso tengo un imán de patanes activado, un ojo clínico para la patanería, ¿un gusto malsano por los hombres con issues fuera del estándar? “¿Soy una mujer emocionalmente dañada del alma?”

¡No puede ser! Jajaja.. pero como!  Si yo soy de esas mujercitas que se toma muy en serio lo de SOMOS MUCHAS LAS MUJERES TRABAJANDO PARA TODAS LAS DEMÁS. Crecí leyendo libros feministas y a Rosario Castellanos. Ni por error le digo a otra mujer puta o zorra y jamás culpo al género por la falta de destreza al volante. Si en teoría y en práctica jamás me dejaría tocar niporelpétalodeunarosa, ¿cómo así que a veces me meto en situaciones tristísimas en las que de una u otra manera salgo medio raspada?.

Mmm.. me quedé pensando largo rato en ello. Una cosa es todo el bagaje emocional que nos cargamos, que influye en cómo nos relacionamos y sobre todo con quién nos relacionamos. Para mí no es algo realmente nuevo eso de relacionarme con alguno que otro patán, yo digo que son los más divertidos si les sabes seguir el juego y esquivar sus fregaderas pero OJO! no los más saludables!, eso que ni que.

Y no hay mucho de que quejarse porque bueno, tenemos lo que nos generamos, así que hay que andarse con cuidado y echar mano de la inteligencia femenina a la hora de permitirnos una relación porque de que hay patanes de cuna, los hay. Y de que se permite que siga habiendo al aceptar tales actitudes hacia una, también.

Ahora recuerdo aquello que decía mi sabia teacher del alma en la clase de educación sexual: “Ese tipo de hombres existen por las mujeres que les han pasado por la vida y la entrepierna. Y es que chulas, la culpa es de él y también de todas las mujeres que estuvieron antes en su vida, sean parejas, hermanas o madres, que le enseñaron que eso estaba bien, que era permisible, y además de eso condonable.”

Qué horror.

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Tlacaél

Palitrochadas

Tlacael_sepia02

Tlacaél no es una cosa, es el coche más bonito que pude e imaginé tener, el más fuerte, él más noble, el más leal y el más lindo. Cuando lo compré hace mas de 7 años tenía la ilusión de recorrer muchos caminos con él, de vivir juntos muchas cosas, de celebrar mi independencia conduciendo, de vivir muchas aventuras y así lo hice; no siempre con quien hubiera querido, no a todos los lugares a los que hubiera querido ir, pero manejé y manejé.

Me llevó todos los días a mi trabajo, a mis citas, manejé con sol, a más de 30 grados, con mucho frío, con lluvia, entre piedras, sobre arena, sobre asfalto y hasta entre agua cuando había inundaciones. Me ayudó a correr, me ayudó a llegar, me ayudó a ayudar, me ayudó a llevar, me ayudó a escapar. Cargó con todas mis chivas, las físicas y las existenciales.

Ese coche me vió reír de alegría ante las mejores noticias que me han dado, me vió llorar de dolor cuando alguien me rompió el corazón, me vió enamorarme, me vió echar desmadre, me llevó a perderme en alguna carretera cuando necesitaba encontrarme conmigo misma.

Una sola vez me hizo berrinche y me dejó tirada por no hacer caso a sus necesidades, después de eso nunca se quejó mas, ni de mis canciones, cantos y alaridos a la par de sus bocinas en todos los caminos; incluso un día que olvidé las llaves de mi casa, Tlacaél me sirvió de cama para dormir y bueno hasta de motel para tener de ese sexo loco y prohibido que se tiene sólo en un auto.
Bromeaba acerca de él y decía “Si ese coche hablara sería como mi conciencia y tendría que ir a sumergirlo en lo profundo del lago más cercano para que no contara mis secretos”.

Hace poco un ebrio imbécil me aventó contra un tráiler y Tlacaél fiel, se tornó de acero como un superhéroe hasta el final salvando la vida de mi familia y la mía. Y aunque quedó semidestrozado y perdió casi toda su fisonomía en el accidente lo arreglé y quedo perfecto como es.

Pero cuando regresó del taller supe que no era el mismo, que su alma y nuestra complicidad murieron en ese accidente, que en realidad sí era momento de separarnos y lloré como enferma al tomar la decisión de venderlo, de saber que no estaría más conmigo, como lloro siempre, por perder algo que quiero, como seguir acumulando en el costal de extrañamiento una pérdida más.

Estos últimos meses he perdido mucho de lo que he llegado a querer, todo lo que hubiera querido que durara para siempre y Tlacaél es una de esas pérdidas, un montón de momentos vividos, recuerdos, viajes, caminos. Mi compañero de esta última etapa de mi vida hoy se va con un completo desconocido. Nunca más lo volveré a ver en mi cochera  esperándome. Y a pesar que estuve regateando hasta los últimos centavos para no sentirme tan mal con su partida, el fuckin‘ dinero no me hace sentir menos pinche de lo que me siento.

Adiós y gracias my precious. Mi hermoso Tlacaél,  mi amor de 4 ruedas. Te quedas en mis fotos, en mi mente y en mi corazón.

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Chulada de barrio el mío, neta

Palitrochadas

Desde que mi memoria andaba en pañales, he vivido en la misma calle, en la misma colonia, en la misma ciudad y por ende en la misma casa; enclavada entonces en una vasta extensión baldía, rodeada de llanos de jicama poblados de ardillas, ratas, víboras de campo y todo tipo de fauna campestre a la que la urbanidad fue desplazando de su hábitat y que constituía un bello remanso compartido por apenas dos o tres casas ubicadas en 10 cuadras a la redonda.

Pero la evolución pormenorizada del vecindario no se ha hecho esperar, de la galopante erección de fincas y establecimientos comerciales, de los primeros pobladores que ahora han emigrado a otros lares o en su defecto al más allá, de los escarceos temporales o rencillas irreconciliables entre los que siguen aquí y del rumbo que ha tomado la bola de mocosos que años atrás convertíamos calles y banquetas en canchas de juego o autopistas para volar en la patineta, y de arteros pelotazos en buen motivo para que la vidriería del vecino se estrenara a cada rato.

Mi barrio populacho ha ido cambiando, hoy rebosa energía y vitalidad traducida en constantes e inagotables pregones que me impiden hundirme en la soledad y el silencio de la meditación; con el tiempo he comenzado a acostumbrarme al contaminado y variopinto espectro sonoro que me rodea y que va, desde el pregonero que ofrece el agua embotellada y el gas a las siete de la madrugada, hasta el que circula casi a las once de la noche ofreciendo tamales por medio de un constipado altavoz. Entre el tempranero y el trasnochado, pululan por lo menos una cincuentena de vendedores que han convertido las calles de mi barrio en un activo centro comercial de altos decibeles.

Y ni se diga de los vecinos a quienes hago mención especial, tan lindos y generosos todos ellos, compartiendo sus selecciones musicales a todo volumen, y que me han puesto al tanto del panorama musical en boga, en su propia casa o a bordo de su automóvil, cuyas estridencias musicales hacen retumbar los cristales de las ventanas , las lombrices que viven bajo tierra en el jardín y los oídos del prójimo con idéntico frenesí , haciéndome de paso conocer géneros que me eran ajenos y que ahora hasta el gusto les estoy agarrando.

Con decirles que justo la otra noche, en la cual le había ganado la batalla a mi habitual insomnio, por ahí de la 1 de la mañana, se escuchó una banda norteña cuya sonora tuba hizo que Morfeo corriera espantado de mi lecho.

Por tratarse de un acontecimiento sonoro inédito, me ganó la curiosidad y quise enterarme del suceso en primera fila, pero el resquicio de pudor que aún conservo y que me aconsejó no salir a la banqueta sólo en calzones como suelo yo dormir, me recomendó observarlo apostada desde la ventana que, si bien no me permitió una apreciación panorámica del asunto, me concedió los suficientes elementos visuales para deducir que la naciente algarabía se debía al célebre cumpleaños de la vecina.

Y qué hago? No me queda más que agradecerles que vivan concediéndome la oportunidad de gratificar mis rejegas orejas con los maravillosos sones vernáculos, raperos o de bandas desafinadas pero enjundiosas.

Así que ahora pregono: ¡que chulada de barrio el mío!, neta.

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Masoquismo puro

Palitrochadas

Tal vez debería buscarme una buena razón para vivir; que se yo… embarazarme, adoptar un niño de la calle, ponerme un disfraz y salir a combatir el crimen, buscar un pasatiempo que no involucre hombres o ir al psicólogo que atiende psicólogos, eso.

Chale… ando en masoquismo puro.

Hey!, ¿qué?…  Acuérdense que el respeto al delirio ajeno es la paz.

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Y luego los hombres dicen que no nos entienden!

Palitrochadas

Yo no sé mucho de hombres (oh Dios! no como yo quisiera) pero los hombres con quien he compartido espacios, amistad, amores, aventuras y dolencias emocionales me han enseñado dos tres cosas y bueno, me han hecho correr a investigar otras tantas.

De entrada, he descubierto que los egos de los masculinos son más delicados que los nuestros, aunque no lo crean. Por lo general, al masculino le molesta que le empujes a ir más de prisa de lo que puede, que le digas que lo está haciendo mal, que respires en su nuca, que seas su víctima y que te muestres dominante o te sientas decepcionada. Que esperes que se equivoque, que nunca seas agradecida y que sea difícil complacerte. Cierto hombres o estoy mal?

No es justificación, pero las mujeres tendemos a volvernos dominantes bastante de prisa en una relación porque constantemente miramos hacia el futuro y no crean, sí sabemos lo que queremos, nos formamos una idea clara de ello; aunque en ocasiones olvidamos que nos llevará bastante tiempo recorrer ese camino… y como tememos no conseguir eso que tanto anhelamos, solemos actuar de las formas más horripilantemente extrañas.

Y es que por lo general  a ustedes hombres… saben?… no los consideramos seres humanos tridimensionales. Todas confeccionamos una tremenda lista mental de las cualidades que nos gustaría que demostraran y por lo general consumimos cantidades industriales de energías en comparar sus virtudes con dicha lista que al final de todo nos perdemos lo mejor de ustedes. En efecto, algunas veces tendemos a considerarles meros accesorios de nuestras vidas. Nos formulamos preguntas como: ¿me presta bastante atención?, ¿viste bien como para que lo vean conmigo?, ¿es guapo?, ¿es solvente?, ¿cumple con todo lo que me han enseñado que debe tener un hombre?

Debido a que nos enseñan que valemos más o menos en función de que tengamos o no un compañero a nuestro lado, miramos a los hombres a través del filtro de nuestras necesidades y deseos, no siempre los consideramos seres independientes con su propios  intereses, preferencias, opiniones y necesidades; sólo ansiamos cotejar sus características con una lista de atributos caballerescos con el fin de comprobar con cuales cumplen.

Y si alguno de ustedes satisface una cantidad suficiente de requisitos decidimos que  voalá!!… hemos dado con el hombre de nuestra vida. (Aunque es posible que ni siquiera le conozcamos realmente).

Y es que conocer a un hombre significa saber qué siente por su familia, que estilo de vida le hace feliz, cuáles son sus inseguridades en el trabajo y que importancia tienen sus amigos en su vida. Pero también implica estar al tanto de que le encanta la comida china, odia cortarse el pelo y no le apetece hablar por la mañana hasta después de su café. Conocer a tu pareja es reemplazar la famosa lista de cualidades por una lista personal, significativa y realista.

Esas listas cargadas de idealizaciones surgen de lo que nos enseñaron de niñas, de cómo era la relación de nuestros padres, de lo que vimos en la televisión y de lo que dicta la sociedad como “lo normal”.

Nosotras nos preocupamos por el futuro o repasamos el pasado mientras ustedes hombres viven el momento y probablemente disfrutan de la relación tal como es. Y cuando presionamos o exigimos demasiado ustedes se ven obligados a retroceder porque nosotras avanzamos con fuerza. Pero también si no lo hacemos ustedes ¡no se mueven! y podrían estar mucho tiempo así (algunos toda la vida, ni me digan que no).

Y si, por lo general eso nos hace sentir impacientes y  fuera de control, es entonces cuando nos sentimos incapaces de controlar los sentimientos y queremos que algún agente externo (de preferencia ustedes) nos haga sentir mejor. Sin embargo, en lugar de exigirles tanto podríamos comunicarles cómo nos sentimos  y permitirles acercarse a solucionar las cosas. Y bueno, es ahí cuando podrían hacer el esfuerzo y escuchar al menos 5 minutos.

Para nosotras no es A o B, no es blanco o negro. Es difícil darnos cuenta de que si nos relajamos las cosas nos llegarían en el momento apropiado. Queremos todo al instante.

Nos cuesta tomar la iniciativa en muchas cosas por más que gritemos a voz en cuello que somos independientes, porque nos educaron a que había que esperar a que él te hablara, él te invitara, él te propusiera, él lo arreglara.

En la educación que hemos recibido todo conspira para decirnos en forma directa, indirecta o sutil que no seremos felices a menos que un hombre ocupe el centro de nuestra vida. Aún entre tanto feminismo bien intencionado, el viejo modelo fantasma de relación sigue ahí gritando a voz en cuello que  las relaciones de pareja son fundamentales para nuestra existencia.

Así que debido a que no tenemos un modelo a seguir que vaya de acuerdo a la época, pues se hace lo que se puede. Y mujeres… en esos momentos es necesario recordar que contamos con el poder de atraer hacia nosotras aquello que deseamos como si fuéramos un imán. Y la verdad del Universo es que somos nosotras las encargadas de generar y de llevarla relación de pareja que queremos, nadie más.

Y bueno, ni es tan difícil lidiar con nosotros hombres, como decía Oscar WildeLas mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.

Porque eso si les aseguro: si dan amor, comprensión, lealtad, buen sexo y atención a una mujer, en la mayoría de los casos es recíproco y en mucho mayor medida de lo que pueden esperar.  Quítense de pedos y ahórrenoslos a nosotros.

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De amistades con los ex

Palitrochadas, Para oídos sordos

Se me apareció un ex, again. Y ya saben que eso suele ser como punzada en la espalda, como piedra que se te metió en el huarache, como pedacito de carne entre en los dientes, como… bueno..  como si estuviera yo éstos días pa’ esas cosas.

A mí no me ha funcionado eso de andar de amiga con los ex, no lo aguanto, no soporto la idea de dejar en mera relación diplomática una relación tan estrecha en todos los sentidos como lo es una relación de pareja. Si acaba la relación así medio feíto yo prefiero no volverlo a ver y si acaba bien.. chido.. pero tampoco lo vuelvo a ver.

Digo, a menos de que tengas un hijo con él, o tengan un negocio juntos, no veo necesidad de mantener a alguien que ya probó que NO da el ancho para ser tu compañero de vida en TU vida.

A ver, ya anduviste con esa persona, compartieron sus sueños, se agarraron de la mano, se agarraron de la greña, se agarraron de la nalga y ya te decepcionó por equis cosa que impide mantenerlo y tolerarlo en tu vida. O bien ya no quiso tolerarte y tenerte en su vida, en ese caso peor, el dejártelo como amigo es como si permitieras y le dieras las gracias a alguien que te sacó el corazón y bailó en él para luego juntarlo y devolvértelo en la bolsita donde traía su lonche de huevo con chorizo.

En el momento que alguien pasa a la categoría de ex es cuando ya decides cortar de una vez por todas con la relación, es decir, lo borras de los contactos, de tu agenda, de las redes sociales, etc.. y si se puede, yo recomiendo ampliamente casarlo con otra, embarazarlo y mandarlo a vivir a Finlandia. Que se vaya lejos junto con todo y sus issues inconclusas.

¿De qué sirve la amistad de un ex? De nada. A menos que sea un megapudiente con dinero o que la relación de plano te convenga, pero aun así mejor no, porque si se hace otra novia es incómodo para una, si una se hace otro novio es incómodo para el novio nuevo y bueno, también para una. ¿Por qué es un gran tipo? Pues será el sereno pero a como está el mundillo de poblado seguro hay otros tantos tipos maravillosos allá afuera, que necesidad de seguir viendo a éste.

Luego resulta que el ex te empieza a lanzar indirectas, a decirte que eres grandiosa y que fue un error dejarte ir, a preguntarte con quién andas, con quien saliste ayer. ¿Por qué? Porque es imbécil. Y tú le respondes, ¿por qué? porque eres aún más imbécil.

Tener a un ex en tu vida no es prueba de que quiera volver contigo, es prueba de que no es maduro emocionalmente e incapaz de agarrar el rollo en su vida o que te quiere ahí para inflarse el ego y sentir que aun tiene poder sobre tí. Si tuviera la honesta intención de rehacer la relación para bien, se agarra un huevo, se aprieta los pantalones, hace un lado el orgullo y va y te dice cara a cara: “quiero volver contigo por esto y esto y esto “, pero no se andaría con “seamos amigos”. Quien quiere ser tu amigo es porque no quiere ser tu novio. Y si tú en algún punto lo quisiste como novio, es porque no querías ser su amiga, punto.

¿Existen excepciones? Sí. Ya que haya pasado algún tiempo u otra es como cuando anduviste con el bato un mes en tercer semestre de la escuela porque todos les decían “no sean amigos, deberían ser novios, se llevan súper bien” y ahí van y descubren que nel, que sí deberían ser amigos.

Y yo por eso a los ex todo eso que les digo. Cruz, cruz.

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Perversa

Palitrochadas

Esta semana alguien me dijo perversa.

Creo que se ofendió porque en charla de café le dije que todos los demás que no son yo mienten, dicen pendejadas, odian, aman, lloran, ríen, escuchan chingos de cosas, dicen un chingo de cosas, se pedorrean, etc… y la verdad es que no creo que a nadie le importe, cada quien vive en su mundo y a la gente alrededor le vale verga. Yo también hago todas esas cosas pues, pero al menos reconozco que a los demás les importa lo que un pelo de gato mis acciones.

Por cierto, que me acorde de una vez, a long time ago, que me gustó besar a alguien, tanto que sugerí llevarlo despacio a la cama de un motel a tener sexo; recuerdo su sonrisa, como si no creyera lo que pasaba, pensó que aquello era una broma y de ahí no paso.
Unas semanas después me confesó que le parecía que yo era la mujer más perversa que había conocido, solo por el hecho de querer “arrastrarlo” a la recámara de aquel lugar.

Reflexioné un momento acerca de lo relevante que había sido para él mi acción.

Después de ese día me le desparecí y nunca más me volvió a ver.

(Y es que en mi caso, si no es perversa de pervertida, no aplica.)

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Taxi!

Palitrochadas

A falta de mi independencia de cuatro ruedas, la cuál, me desgasta el espíritu junto con la suela de los zapatos estos días, me vi en la imperante necesidad de transportarme en taxi.

Una vez que pedí la parada, me subí haciendo caso omiso de mi regla esa de observar al conductor antes de subirme, pero bueno, era de noche, en una zona en las que no se veían muchos taxis alrededor y mua llevaba prisa.

El chofer era un tipo robusto, de camisa sin mangas, lleno de tatuajes malhechos, embadurnado de gel y con olor a crema nívea.
Sonaba en el radio una cancioncilla populachera. Minutos después, por ahí a la altura del centro, el tipo comenzó la siguiente conversación:
-¿Sabes en qué pienso ahorita?
-No, en que piensa… le dije.
-Pienso en el momento de placer que podrías darme. Pero también pienso en el Sida.
-Ahhh…

¡Ya valió madres!, pensé yo. Imaginé la foto a todo color CMYK de mis nalgas con los pantalones abajo en la portada del periódico ese amarillento del Metro como la nota del día.

Pero no, me dijo que no me asustara, resultó que sólo estaba tanteando sus posibilidades, y de paso averiguando si tenía Sida.

Yo, por supuesto, le habría dicho que si. Chance y funciona en la emergencia. Pero lo que hice fue pedirle la parada con diplomacia y bajarme a la chingada de inmediato.

- Que le vaya bien chula.

***

¡Qué susto del diablo!. Luego recordé cuando un wey de lentes que conocí alguna vez me dijo que decir que tienes Sida era muy “eighties”.

Lo que sea, aunque suene retro, pero puede que la idea le ahuyente las ganas a quien te quiere violar, no pinchen mamen!

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Salí con un alguien

Palitrochadas

Si, salí con alguien que me lo había pedido desde hace rato. Cabe mencionar que en todas las formas y en todas las lenguas y por todos los medios. Y yo, que soy una buena y generosa persona hice un espacio en mi agenda y bueno, porque no soy nadie para negar una cita y bueno… porque se me terminaron las excusas jocosas.

Cuando por fin túvome enfrente, se sentó y habló y habló de su trabajo y lo que hacía en su trabajo y las cosas chistosas que pasaban en su trabajo y lo trabajoso que es su trabajo… y… cuando se armó de valor por fin para cambiar de tema, en mi conversación surgió la inquietante interrogación que las mujeres hacemos, comencé a hablar de los temas de interés que interesan a mi persona para ver si de alguna manera los de él se acoplaban con los míos. Entre preguntas y respuestas esquivas vi que no, que hay gente que no es para tí y punto. Así que lleve la conversación hacía temas triviales con el fin de salir de ahí pronto porque comprendí que empinado en su idolatría hacia mi persona ni siquiera estaba dando la importancia y atención al asunto propio de lo que significa una cita.

Entonces quiere sexo, sexo puro y llano deduje yo. Y ya ven yo, se lo pregunté directamente y me dijo…
- ¿Qué?!! No, claro que no! -

Y comencé a escuchar una conversación de más de 25 palabras, no todas ellas incluidas en el Diccionario de la Academia. Entonces entendí, que una personalidad arrolladora y una belleza que corta el aliento y alimenta el espíritu con solo contemplarla como la mía no está excenta de estas cosas. Y así dejé que hablara y hablara y me contemplara ¿Qué tal con mi corazonsote?… ja!

***

Esperen un momento, debo corregir eso de salí con alguien, más bien, fui a comer comida japonesa con alguien, eso de “salí” suena a qué salí con alguien y tuve sexo sin protección en un motel de paso cucarachento con alfombra pegosteosa. Y no. Pero esperen otro momento, a mí ni siquiera me gusta la comida japonesa, así que eso tampoco es preciso. Por cierto, no piensen que soy una desalmada y que esta persona cuya intimidad hoy amablemente se balconea aquí abrirá el internet por la mañana y se verá reflejada en este post, créanlo o no, tengo una vida más allá de este blog y con quien estuve no tiene la menor idea de que dedico mis horas de no-sueño a escribirles a ustedes que me leen y no comentan.

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