Prohibido hablar con el chofer

Palitrochadas

Ahora, entre la numerosa cantidad de letreros en el nuevo modelo de transporte público de mi provinciana ciudad, hay un letrerito que versa así: “Prohibido hablar con el chofer”. Pensarán ustedes que eso atenta contra sus derechos humanos y los derechos reproductivos de aquellas mujeres que se sienten atraídas por microbuseros y que ansiosas buscan marido en cada ruta subiendo a ligar sentadas en un motor caliente que viene quedando frío ante sus calores uterinos, pero por cruel que parezca, resulta muy conveniente.

La noche del viernes me fui a una tertulia de esas de perdición a las que por mi buen curriculum me invitan. No les diré como estuvo pero eran las 5 de la mañana y la gente no paraba de bailar y frotar a su prójimo como a sí mismo, todos buscando olvidar la pena del Viernes Santo. Muy espiritual todo. El chiste es que después fuimos a desayunar a un lugar de ahí de por la Minerva, único lugar decente que está abierto toda la noche, donde las meseras ya nos conocen y temerosas nos esperan. Otro día con más calma les contaré sobre el lugar y mis recomendaciones culinarias, ahora debo volver al tema que hoy me ocupa, la política de silencio con los choferes del tan abucheado transporte público de la comarca.

Eran ya las ocho de la mañana y por razones que sólo a Dios y a una servidora incumben, me encontraba en céntrica parada del camión con destino a mi casa para dormir en paz. Con lo párvula que soy, últimamente para afrentar mi  miedo al tráfico que me quedó de aquel horrible accidente y no por gusto sino por mera terapia, suelo sentarme junto al chofer y además porque la vista de la ciudad a través de la ventana frente al camión es inigualable y maravillosa. Así que tomé mi asiento y dispúseme a gozar de la desierta Guadalajara. En eso, producto de una vida disipada y el ajetreo de la noche anterior, un bostezo escapó de entre mis fauces. Y dirán ustedes ¿eso qué tiene de particular? ¿qué tiene de increíble tan simple función corporal? Pues nada, pero sucede que no bien había terminado mi bostezo, escuché una voz que decía:

-Échese un sueñito señorita-

Confundida por el pasón de oxígeno que acababa de llegar a mi cerebro, miré a mi alrededor tratando de encontrar el origen de tan confianzuda sugerencia. Y sí, había sido el chofer. Desesperada busqué el letrerito de “Prohibido hablar con el chofer” como un último recurso para señalarlo con el dedo al tiempo que apretaba fuerte mis labios y así hacerle entender que lo nuestro era imposible, que al hablar cometíamos un crimen. Pero nada, del mentado letrero ni sus luces. Así que me preparé a contestarle, pero ¿qué se supone que deba uno responder cuando le dicen a una échese un sueñito señorita? ¿cómo explicarle que si no duermo en mi cama, menos iba a hacerlo en el asiento de su camión?

-¿Hasta dónde vas?-

Vaya, por lo menos ésto era fácil de responder, así que armada de toda la amabilidad de la que pude hacer acopio le contesté…… Y no me malentiendan, en otro momento hubiera respondido todas sus preguntas, pero debido a los eventos recientes prefería ir pensando, en silencio. Lo malo es que este señor no parecía querer callarse y estaba yo al borde del colapso, cuando en eso dijo:

-¿Estudias?-

Caí de espaldas. ¿Qué no veía el paso de los siglos sobre mí? La última vez que fui a la escuela Torres Bodet era director y López Mateos era presidente y no una famosa avenida de la ciudad. Así que le respondí que sí y dejé que creara en su mente una bonita imágen de estudiante sacrificada y madrugadora. Pero siguió:

-¿Y ahorita vas a trabajar o a la fiesta?-

Supe en ese momento que decirle la verdad sobre mi procedencia destrozaría la mágica ilusión que había creado a mi alrededor. No podía contarle de la decadencia y excesos de la noche anterior. Y tampoco soy tan desalmada como para decirle que iba a trabajar para sostener mis estudios.  Así que incapaz de inventar algo mejor le dije:

-Voy a ver a mi abuelita. -

End of story.

Y con mi canastita de panquecillos presurosa me bajé. Ja!

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Palitrochadas

Felicidades al blog.

6 años de compartir pendejadas, mamadas, consejos que no sigo y cosas que a nadie más le importan más que a mí.
Salud por eso y salud por mi Palitroche.
Listo el güisqui! Let´s get drunk.

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“No”

Palitrochadas

En la primaria tenía un amigo. Lalo era una criatura encantadoramente cachetona que no comía dulces. Sus padres estaban convencidos de que darles caramelos a los niños era un crimen que debería pagarse con la horca. Entre las restricciones alimenticias de Lalo, además estaban los elotes en vasito, la mayonesa, la crema de cacahuate, la mermelada, el pan blanco y todo lo que tuviera azúcar añadido. En vista de la epidemia de obesidad infantil, quizá no era tan mala idea. En cualquier caso, Lalo sólo sabía una palabra: “no”.

En la escuela hasta las maestras se horrorizaban. Si bien, en el fondo de sus almas sentían respeto por la voluntad férrea con que sus padres negaban a su propio vástago buñuelos, tamales de dulce y raspados de vainilla con leche condensada, lo que realmente condenaban era que su hijo sólo supiera decir “no”.

A la vuelta de los años, y el acordarme de Lalo y su palabra “No”, me inspiraba a decir que sí a todo.

Pero en muchas ocasiones en el fondo yo quiera decir “no”, porque “no” es la mejor palabra de nuestro idioma, es nuestra defensa segura, nuestro límite, nuestro autorrespeto. Decirle “no” a la gente que sale con sus tonterías de último momento. Decir “no” es quizá la mejor experiencia del mundo, te libera, te ahorra dolores de cabeza, te evita andarle ayudando al amigo guevon que no termina su tesis de la maestría a las 3 de la mañana, te permite mandar al diablo a la gente que nomás te habla cuando se sienten solos, tristes o miserables y necesitan escupirte encima todas sus preocupaciones idiotas.

Y bueno, cuando es no, es no. Y cuando si…

Lo chulo es que con el tiempo va uno diferenciando cuando sí y cuando no.

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Respuestas neta

Palitrochadas

En días pasados estando en una entrevista para un trabajo, el sujeto entrevistador me pregunto si estaba yo casada, le respondí que no. Luego me pregunto qué porque no. Yo le advertí sobre mi respuesta sincera dado que sé que esas preguntas no son parte del acervo sino más bien para “medirle la zanca al pollo”, como coloquialmente se dice.

Mi respuesta fue corta:

-Porque actualmente no creo en eso que la sociedad llama matrimonio-  le dije.

El tipo se me quedo viendo como si hubiese dicho yo una blasfemia.

Cuantas veces no hemos escuchado estadísticas como: “7 de cada 10 matrimonios terminan en divorcio” o “cinco de cada 10 personas terminan por infidelidad”. Estas estadísticas son inventadas, pero estoy segura que no distan mucho de la realidad.
¿Porque la mayoría de los matrimonios terminan en divorcio? Muchos deben ser son los factores, pero en mi punto de vista muy personal mío, es que el concepto de matrimonio no ha cambiado pero las personas sí.

El matrimonio como institución se creó en una época donde el pensamiento y las creencias emocionales eran otros. Se creó en gran parte por la religión y ya desde ahí está destinada a fracasar. Lo venden como un acto de fe que esta amenazado con el infierno si se desintegra la unión (en el caso de la religión católica). ¿Cómo esperamos que algo que tiene una amenaza de compromiso sobreviva?

No es casualidad que el comportamiento ante el matrimonio sea el mismo en tantas personas de tantos niveles socioeconómicos, de tantos lugares diferentes del mundo, con tantas diferencias culturales.

El matrimonio al final es la unión de dos personas. El problema es cuando en la ecuación se incluye una deidad para controlar a través del miedo. Y si no es una deidad es una institución gubernamental. Solo a través de un contrato firmado puede esta pareja disfrutar de derechos legales. Hay algunas partes del mundo en las que esto no es necesario, pero para que el resto del mundo evoluciones igual, todavía le falta. No todos cojeamos del mismo pie.

La decisión de unión entre dos personas solo debe ser entre ellas. ¿Para que ponerle títulos de esposo o esposa? Fíjense, ahí  pensándole, si tomamos la palabra literalmente, una esposa es algo que utilizan para amarrar las manos. Ya desde ahí suena feo el término o está mal aplicado. ¿Quién quiere estar maniatado toda la vida? Si una pareja decide compartir su techo, tener hijitos, compartir el tiempo que quieran juntos, ¿es necesario que lo pongan en papel? Ese papel es un documento inventado por la sociedad y rechazado por el inconsciente.

Si el pensamiento ante el compromiso evoluciona, entonces el corazón y la razón evolucionarán con el. Sin necesidad de despedidas de soltero@ que te hacen pensar que nunca más serás la misma persona.

Lo sano sería que en vez de tener que despedirte de una vida, celebraras la evolución de ella con una persona que la alimentara sin necesidad de la bendición de un cura, sin necesidad del permiso de un juez para besar a la novia, sin necesidad de un papel con sello, pero sí celebrar su próxima vida juntos en actos que te darán plenitud como individuo y como pareja.

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Entre troyanos y propuestas de matrimonio fail

Palitrochadas

Y por poquito no escribo post esta semana, porque un virus troyano sin caballo y sin Aqueos ataco mi computadora… Y mientras escribo esto saca innumerables ventanitas y me interrumpe y hace pop y me amenaza y me dice que tengo un virus horrible y pernicioso que se va a meter a mis cuentas del banco y a mis correos y a mis entrañas si es que no corro en este instante y compro la versión Premium del antivirus de moda.

Y cuando cierro las ventanas, me advierte que lo piense. ¿De verdad estoy segura de querer hacerlo? ¿Qué no me doy cuenta que están a punto de entrar a mis cuentas para robar mi identidad y mi dinero y a mis entrañas para provocar agruras y acidez y aborto? Qué miedo que tengo.

Ah, y no sé si fue por lo mismo y por si fuera poco e irónico a la vez, en esta época en que todo es touch mi amado viejo teclado análogo cómplice de mis letras dejo de funcionar…  y ahora escribo desde un teclado infantil que decomisé a mis sobrinos y que solo tiene letras y números en colores primarios, que también carece de acentos y de los venerables signos de puntuación;  así que si me encuentran más errores ortográficos de los habituales, no es culpa mía.

En fin, siempre hay cosas peores…

Como lo que presencie el otro día que me llevaron a ver un concierto de doñitas fanzzz de Juanga. (Que que andaba haciendo yo en un concierto de doñitas ? Pfff… buagh.. Ni pregunten.  ¬¬)

Pero en fin, que en medio del concierto un enamorado que merece toda mi consideración y cuyo nombre omitiré por respeto, pero sobre todo porque no lo recuerdo, subió a cantar con una de las intérpretes y en medio de la canción y enfrente de su novia, lo hizo… ¿Hizo qué?

¡Le propuso matrimonio!

Pues sí, pero en lugar de fanfarrias y aplausos y gritos de la concurrencia, el timing fue tan extraño que aunque todos lo escuchamos, preferimos hacer como que no, incluida la novia. Cuando nuestras vidas habían vuelto a la normalidad y pensamos que todo había sido un mal sueño producto del reloj biológico que nos hace imaginar propuestas matrimoniales a destajo y mientras íbamos en la segunda ronda de popurris juangabrielescos…

Le volvió a proponer matrimonio.

Ahora sí, no podía ser un grave caso de Dislalia y que él estuviera tratando de decir otra cosa. Ya no podíamos hacernos tontos. La única que seguía haciéndose la sorda era la novia y en lugar de decir un SÍ con la voz entrecortada por la emoción, se llevó al novio a un rinconcito y le ennumeró las razones por las que no podía casarse. Nadie pudo escuchar, pero debe haber sido algo así:

-Eres un chico increíble, pero…

-Soy muy joven
-Necesito tiempo
-Soy lesbiana
-Mereces algo mejor
-Soy casada
-Ronco
-Soy tu prima
-Soy un hombre

Bueno… esas son las excusas que me han funcionado a mí. Jo!

Pero a quien se le ocurre?!! Estas cosas no salen como en las películas de Julia Roberts… ahí a la primera, por Dios!, hay que planearlas y darle una lanita al vocalista para que le suba al micrófono o al mesero para que esconda el anillo en la Crème brûlée y no huya con el para rematarlo en la sucursal más próxima del Monte de piedad o en el mercado negro.

Ni modo, así es el subdesarrollo y la vida real… por cierto que en éstos tiempos cualquier propuesta de matrimonio debería ir acompañada de un: “vente a vivir conmigo, sí me voy a hacer cargo del niño”… Bueno, algo así pues.

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Como es que uno deja de creer

Palitrochadas

Uno cree en muchas cosas. Desde que somos pequeños el mundo conspira contra nosotros con una sarta de creencias que nos imponen y que se agudizan conforme al malgastado tiempo. Creemos en la relación “perfecta” de nuestros padres, en dioses eternos que nos ayudarán a sobrellevar la vida, en el primer amor que se te atraviesa, etc. Tiempo después pasa que te das cuenta, te das cuenta de tantas y tantas realidades alternas a lo que eres y a cómo te has ido moldeando como individuo. Poco a poco cada una de esas creencias caen, desaparecen y otras tantas se transforman. Pero pasa también que hay otras tantas que te decepcionan.

Y es así que dejas de creer…

Yo hace mucho que dejé de creerme las palabras bonitas y las promesas, vengan éstas de donde vengan. No en mal plan y aunque pueda sonar ardido. Dice my dear friend que yo ya estoy bien dañada y que tengo muchas conjeturas ociosas al respecto… Si, las tengo, simplemente porque pienso que la felicidad se da en etapas, no es constante pues. Uno no es feliz todo el tiempo, siempre hay subes y bajas.

El enamoramiento, por citar un ejemplo: tanto a hombres como a mujeres, nos transforma en lo que “la otra persona quisiera que fueras” y ¿todo para qué? Para terminar en un revolcón (en el mejor de los casos) pero que discretamente, terminas por darte cuenta que el espejismo se viene abajo y en algunas ocasiones ya necesitas separarte, divorciarte.

Entonces si unos mentimos en ciertas cosas y cedemos en otras, ¿Para qué creer?

Lo cierto es que “por quedar bien” una a veces se confunde y ya no logra dilucidar si es que el otro está siendo cortes, te está dando el avión o simplemente piensa en otra vieja encuerada mientras tú hablas. O puede ser que se esté muriendo de ganas por contestarte que tienes la boca atascada de errores.

Hasta hace algunos días vivía atrapada en ese juego de seducción que todos alguna vez hemos disfrutado a lo largo de nuestras vidas. Pero después de reflexionar un momento sobre la realidad imperante, las esperanzas desaparecen. Y es que hay sujetos simplemente encantadores pero falsamente esperanzadores.

A veces quieren hacer imperar una decisión pero son débiles ante la realidad, el compromiso o ya más banalmente ante una falda corta o unas nalgas en leggins y eso me decepciona bastante.

En fin, así es como termina uno siendo cordial después de un atasque de hormonas, en el cual se sube a la cabeza la embriaguez de la pasión y termina dando una besos del tamaño del mundo una noche cualquiera. Pero hasta ahí.

Y entonces ni pasión ni sexo ni coqueteos siguen su curso.

Como que se acaba esa tensión sexual. Y podemos llamarnos cobardes, flojos, sin chiste, desanimados, fastidiosos o como quiera que sea, pero la verdad me parece que así es como deja de creer uno en los otros.

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Y así es como se nota que ya vas a mitad de la treintena

Palitrochadas
  •  Tus bandas de rock favoritas de la secundaria ahora las tocan en las estaciones de radio de clásicos del rock. Como Nirvana, o Guns N’ Roses.
  •  Tus programas de TV favoritos de la época ahora son clásicos que repiten en televisión en la madrugada.
  •  A pesar de reírte de esos comerciales de calcetines para la circulación, te preguntas si realmente funcionan.
  • Las únicas celebridades que conoces son los padres de algunos de las celebridades jóvenes de ahora.
  • Aún tienes una colección de CD’s.
  • Pero no has comprado ningún CD de un artista nuevo en años.
  • Cada vez te cuesta más trabajo encajar en la ropa ajustada… cada vez más y más.
  • Ya te preocupa seriamente que no hayas ahorrado para tu retiro.
  • Vas a la óptica por unas gafas de sol o de descanso y sales de ahí con tu primer par de anteojos graduados.
  • Aún compras muchas hojas blancas para tener donde imprimir, por si acaso.
  • Te haces cada vez más sensible y más remilgoso al comprar zapatos.
  • Los pelillos en tus cejas, oídos y nariz comienzan a crecer en formas extrañas.
  • Mientras que el cabello de tu cabeza se hace cada vez más delgado y delgado.
  • La mayoría de tus conocidos y amigos  anuncian más divorcios que compromisos.
  • Se ha vuelto regular la frase esa de “¿Te acuerdas cuándo?”
  • Ya no le entiendes a MTV.
  • Las redes sociales te ponen anuncios de Viagra o de cremas para la circulación, porque viste en youtube un video de música de los 90.
  • Has desarrollado un aprecio por Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, y la música clásica.
  • Y los niños que empiezan la universidad el próximo año ni siquiera habían nacido cuando tú te graduaste.
  • Vas por la casa apagando todas las luces.
  • Todo lo que crees que sucedió hace cinco años realmente ocurrió hace 10 o 15.
  • Sabes cómo cambiar un fusible.
  • Utilizas términos como “es incongruente”, “es factible”, “es correcto”, en lugar de las palabras inapropiadas que solías utilizar.
  • Las mamografías y exámenes de próstata son ahora una forma de vida.
  • Todos los actores y actrices que solías pensar que eran sexis ahora los ponen de abuelos en las películas o en las telenovelas.
  • Ahora no te pintas el cabello sólo para cambiar de look sino para esconder esas primeras canas.
  • Con sólo unos dos o tres tragos te da una resaca de perros.
  • Sentarse en tu sillón favorito se ha convertido básicamente en lo mejor que cualquier otra actividad en el día.
  • Oh!, eso sí!, Te sientes como si ya nada te sorprendiera en esta vida.
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Entonces… Gracias.

Palitrochadas

Hoy alguien me dijo que debo pedirle al universo las cosas que quiero con mente positiva y que debo ser agradecida. Y es que la neta no ando de humor estos días para que la gente me joda con que ahora soy una hippie hueleflores. No estoy de humor para explicar que en mi crisis profesional he recurrido a todos los métodos posibles normales, paranormales y no tradicionales. Escribo esto con la esperanza de que el universo esté escuchando precisamente en este momento y no cuando le grite mentalmente “pinche hijo de p&%$ta” a algún entrevistador por excluirme de sus requisitos para contratarme.

Entonces, doy gracias por mi salud. Este hermoso cuerpecito no padece de mayores males. No al menos que yo sepa, la última vez que me hice un chequeo médico todo salió bien. He tenido accidentes y he salido viva. La endometriosis me ha dado tregua y en estos 1.75 metros de perfección, no hay ni una célula que me joda. Además, el universo ha sabido castigarme suficiente de otras formas por todos mis pecados de esta vida y las anteriores.

Doy gracias por el pastel de chocolate, la música alternativa y el arte pagano.

Doy gracias porque tengo suerte. Como dije, lo peor que me ha pasado es una pinche endometriosis. Mis papás viven aunque a veces quiera matarlos (no es cierto, los amo), mis hermanas son las mejores del mundo mundial, ya se encontraron y creo que son felices en sus caminos, mi familia es más o menos normal creo yo y mi perro y mis gatos me han domesticado bien.

Doy gracias por el café, bebida universal.

Doy gracias por mi cerebro. Doy infinitas gracias porque aunque siempre jodo con que sería más fácil ser bruta, no cambiaría mi inteligencia por la comodidad perpetua de vivir ignorante nunca. Es mi mejor aliado y todo lo bueno que he conseguido en la vida lo he conseguido gracias a él y a mi capacidad de supervivencia. So, yeah, I motherfucking love my brain. Gracias a mi cerebro dejé de fumar, es el único que lo hizo posible. Ha sido una gran lección en voluntad y disciplina y es todo gracias a él. Es mi parte favorita de mi cuerpo además de mis tetas y de mis manos.

Doy gracias por los buenos ejemplos que me rodean. Todas las mujeres de las que me rodeo son buenas mujeres. Son guerreras, inteligentes, simpáticas, consideradas, hábiles, talentosas, etc. Todas tienen algo bueno y muchas veces trato de imitarlas. Si no, me les pego como un chicle para que las cosas buenas se me peguen por ósmosis.

Doy gracias por las toallas sanitarias con manzanilla.

Doy gracias porque aún con el bolsillo vacío nunca me ha faltado nada. Ni comida ni casa. Me han faltado carteras llenas y coches de lujo, pero yo sé que la felicidad no se consigue ahí. Gracias a Dios o al universo o quien sea. Ahora que estoy pidiéndole ayuda a mi papá y mi mamá para llegar a fin de mes me siento muy rara, porque la verdad es que no me pagaban nada desde hace años. Doy gracias por tener gustos sencillos y por entender que la riqueza material es material a secas, no constituye riqueza. Doy gracias porque casi todas las veces locas que he querido comprarme algo que quiero siempre he tenido con qué. Esto es sólo una etapa.

Doy gracias porque tengo sentido común normalmente. O sea, cuando estoy sobria el sentido común que tengo es increíble pues.

Doy gracias por poder ver la luz del sol todos los días.

Doy gracias porque aún como me ha ido en cuestiones de pareja, mi apuesta al amor sigue en pie. Gracias porque mi corazoncito roto, parchado y vuelto a remendar, aún conserva intacta la capacidad de creer que puede hablar en plural. Sigue convencido de que las horas pierden la mitad de intensidad cuando no se comparten y de que el mundo es un lugar creado para abrazarse. Doy gracias al universo por librarme de las malas parejas y espero lo siga haciendo, que me ponga una buena enfrente y me quite y me aleje de los que no son para mí.

Doy gracias por mis amigos. Lo que más me gusta de mí es mi lealtad. Tengo demasiada suerte porque todos mis anillos de seguridad son de hierro. Todos los hombres y mujeres que son mis amigos son unos inconformes, porque uno se junta con la gente que se parece a uno, pero son demasiado buenos. Son buenos amigos, trabajadores, responsables y honestos. No podrían ser mis amigos si no fueran eso y mucho más. Es importante saber que hay gente que just has your back. Doy gracias infinitas porque ellos me dan permiso para equivocarme y me quieren de nuevo cuando pido perdón.

Doy gracias por este blog y el refugio y la extensión de mí y por ser el único lugar donde puedo ser libre y por los vínculos y oportunidades que se han creado gracias a él.

Gracias por estar viva y la libertad de ser quien soy.

Doy gracias por la búsqueda y el camino. Doy gracias por el talento que sé que alguna vez tuve y que espero recuperar. Doy gracias por los remates, los aciertos, las premisas, los momentos eureka, las horas frente a la compu, el sudor de la frente, las dudas, las certezas, el instinto, las ayudaditas, la convicción, la creatividad, el empuje, la oportunidad y la redención.
Gracias, gracias.

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El arte de amar

Palitrochadas, Para oídos sordos

Se acuerdan de aquel libro de Erich Fromm, “El arte de amar”? Yo lo leí en la preparatoria y cuando lo leí no entendí ni pito.

Ahora que me lo encontré otra vez lo hojeé y me dieron ganas de leerlo de nuevo…

Y sólo puedo decir que el arte de amar se aprende, uno no nace con él.

Puedes ser que hay quienes nacen con el don de ser sensuales pero eso jamás significará ser un experto en el arte de amar. Amar es mucho más allá, es todo el coctel completo: entregarse, dar hasta que duela, creer, perdonar, aceptar. Hay que tener cuidado, algunas veces se crea adicción y de esa, jamás sales completo; caes enamorado de cualquiera y como sea. Ser inteligente es lo que requiere el arte de amar, saber cuándo retirarse y cuando quedarse a luchar y aguantar las granadas, los bombazos, las batallas perdidas. Y entre todo eso, además hay que controlar el líbido, pero también saber cuándo dejarlo escapar.

Puede sonar calculador, pero amar no es nada sencillo.

Es fácil ponerlo en un documento o en un escrito, pero la práctica siempre es otra y por eso es que nos ha ido tan… como nos ha ido.

NOTA: Oh! y en ese “nos ha ido…” apúntese quien quiera.

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Jodidas amistades

Palitrochadas

Últimamente gente que se decía “compa” me ha mandado mensajes despiadados reclamando mi ingratitud, hostilidad, mamonés e indiferencia.

Estoy segura de que si esa gente me ayudara en la desgracia, no se quisiera acostar conmigo, o me llamara en lugar de venirme a leer aquí otro gallo cantaría.

Porque yo soy de las que les echa porras, de las que siempre estoy y doy compañía, oreja, consejo y cobijo, pero cuando no lo hago soy “mala amiga”. Ya ven? Esos que me leen, por eso mesmo.  Al pito pues!

A veces pienso que una maldición cayó sobre mí, que en realidad sí soy mala persona, un desastre y una buena para nada, pero inmediatamente alejo esa teoría y pienso que debo ser optimista y seguir.

Y todo eso lo escribo aquí porque a nadie le interesa escuchar cosas feas; me doy cuenta que en realidad a nadie le importa lo que le pase a los otros y a los hombres no les gustan las mujeres con problemas.
Lo escribo aquí porque es un placebo para seguir viviendo, para seguir caminando todos los días, aunque eso a nadie más que a mí le  importe.

Y para rematar ando muy triste porque creo que voy a perder al que creía mi mejor amigo. El problema es que el cree que yo le gusto, pero yo creo que cuando tienes a alguien que no está disponible nunca, le idealizas y distorsionas las cosas. Y no es porque yo siempre estuviera en otra relación, sino porque él era de las pocas personas que sabían muchas cosas de mí y no me juzgaba y me apapachaba cuando los resultados de mis pendejadas me hacían llorar. Yo hacía lo mismo por él y nunca he tenido hacia su persona pensamientos profanos.Y él jamás me manifestó tal cosa. Nunca he creído en la amistad entre un hombre y una mujer, pero él era mi excepción, sin embargo ahora confirma mi regla. El punto es que si te gusta tu mejor amiga, lo peor que puedes hacer es besarla a la fuerza cuando estás bien borracho, y eso, eso no es bueno.

Yo sé que las cosas ya no serán igual, porque por lo que pasó yo ya no puedo verlo como mi mejor amigo.

So sad.

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