Es que “ya no existen hombres buenos”

Palitrochadas

De temas espinosos hablaba con una amiga cuya mejor amiga presente aseguraba que “ya no existen hombres buenos”.

No me sé yo la historia de vida de la susodicha, pero ahora que ando queriendo remendar y sustituir mis creencias personales para hacerme mujer de bien (o séase de mi bien) el asunto me trae en jaque.

No es que ya no existan hombres buenos, si los hay, yo me he topado con dos que tres entre como otros tres patanes, lo reconozco, el problema es que en sociedades como la nuestra, las niñas fuimos criadas bajo ciertas viejas creencias y estereotipos que ahora no tienen cabida y no cuadran con lo que vive la sociedad de nuestro tiempo. A pesar del feminismo bien intencionado y que pedimos a gritos relaciones igualitarias, nos cuesta trabajo soltar las riendas a nuestras exigencias que bien pudieran parecer de mujeres de los 50s. Nos damos de topes al establecer parámetros de relación, siempre luchando entre lo que queremos y nos enseñaron. El viejo modelo de relación aun persiste.

Uno de los dilemas que nos atañen a muchas solteras en edad de merecer en estos días, es encontrar una pareja monógama y cuya fidelidad  en caso de llegar al matrimonio sea más o menos duradera y de fiar.

Yo he conocido hombres fantásticos que están solos porque no quieren una relación seria o por miedo al compromiso, o que no tienen tiempo para una relación sentimental porque están metidos en su trabajo, hombres casados que tienen esposas arpías, esposas de estándares normales  o esposas maravillosas y que tienen amantes, hombres dispuestos a casarse y formar un hogar pero no han encontrado a la mujer que los sepa valorar, etc… y así podría enumerar una pequeña lista.

Yo por supuesto no estoy para nada en condiciones de juzgar a nadie porque conozco todos los lados de la moneda; he sido novia, amiga con derechos y amante con todas las letras, pero ahora no sé si gracias a eso cuando alguien se me acerca en tono sentimental me he vuelto una crítica de primera echándole ojo al susodicho con lupa en mano imitando a Sherlock Holmes (y es que últimamente todos los especímenes de tripié que se me acercan me parecen altamente sospechosos.)

Algo que he aprendido  es que la mayoría de los hombres no están sujetos a las mismas expectativas sobre fidelidad que las mujeres, aunque hayamos sido criados bajo la misma teta, es decir, bajo el mismo estándar de seno familiar. Es simple, se nos crio diferentes y por tanto tenemos expectativas diferentes.

Lo cosa de las relaciones en pareja es algo taan masticado… pero ahora en un mundo donde puedes elegir ser actor de cine, presidente, plomero, barrendero o programador de computadoras es un tanto decepcionante que a la hora de elegir pareja te tengas que conformar con un “casado” o “soltero”. Supongo que de ahí vienen las variaciones entre divorciado, separado, soltero forever o promiscuo sin remedio. Y dentro del menú “casado” también deberían existir las variaciones.

Debemos admitir que no todos los seres humanos somos capaces de soportar la honestidad, y en una relación abierta (matrimonio, free, amigos con derechos, unión libre) se nos pone de frente con la mentira más bonita y elocuente: tú no lo eres todo para tu pareja.

¿Pero deberías serlo?
¿Quién es tu pareja entonces? ¿Tu pareja sexual garantizada? ¿Tu compañero? ¿Tu amigo? Y más importante, ¿qué le puedes decir a tu pareja? ¿qué soportarías que tu pareja te dijera a ti mismo?

Yo sé que no tendría problemas manteniendo una fidelidad sexual siempre y cuando me tengan feliz. Lo sé, como otras muchas personas saben que les gusta el color azul o que detestan los mariscos. Pero no así emocionalmente. Una y otra vez he dado al traste con relaciones en las que el fulanito me parecía físicamente encantador, pero llegado un punto me sentía tan sola en la relación que he preferido largarme de ahí. No lo sé, pero creo que podría soportar una infidelidad sexual… una noche de borrachera con una desconocida. Sí, seguramente me sentiría terriblemente herida pero creo que podría comprenderlo. No así saber que mi pareja está enamorado de la conversación de otra, de su inteligencia, o que valora sus cualidades culinarias.
Curiosamente, mi actitud respecto a la fidelidad se ha ido moldeando a través del tiempo y cada relación. Alguna vez me dijeron: no me importa que no me seas fiel, mientras no me seas desleal. Cuando escuché aquello me di una enojada que ni el mismo Lucifer me podía callar las fauces.

Ahora lo veo desde otro punto de vista. Simple y sencillamente no me lastimes, no me digas con engaños que la relación es a largo plazo si sólo quieres un acostón, no te acuestes con mi mejor amiga, no me insinúes que andas con otras mujeres o que otras mujeres te persiguen, no porque no sea imperdonable o porque espere la actitud de un santo, sino porque espero respeto.

Y alguien que te dice “fulana me tira los perros” no te respeta a ti, no respeta a fulana, sólo está enamorado de su propia imagen, siendo perseguido por las mujeres pero por su falsa gran hombría. Si se va a ir con ella, que se vaya, si se la va a tirar, que se la tire, pero que se calle la boca porque callarse la boca significa que no quiere lastimarte, que no quiere que en tu cabeza se formen ideas que te puedan hacer daño. Que tus ojos no lo vean, porque así como esos ojos te permitieron quererlo, te pueden hacer odiarlo, porque sabe que puede fracturar tu confianza.

Y la confianza no radica en saber que la persona con la que estás no se acuesta con otra persona: somos víctimas del azar y no sólo se puede acostar, genuinamente se puede enamorar de alguien más y no podrá evitarlo. No, la confianza no es eso, la confianza radica en saber que la otra persona tiene tu bienestar en su mente y que sus acciones están enfocadas a no lastimarte, sino a hacerte feliz.

Pero finalmente, si acaso fuéramos más honestos con nosotros mismos, con lo que sentimos, queremos y lo que esperamos del otro o de la otra supongo que no habría tanto desmadre emocional en las relaciones.

En fin, ya sé, ya se… por eso me va como me va, ni me hagan tanto caso.





De madres

Palitrochadas

Mi madre, por el simple hecho de haberme echado a éste mundo y soportarme, merece que la festeje todos los días.

Felicidades a todas las madres que son como la mía!.

Oh… me han abusado de lo que no me sobra :(

Palitrochadas, Para oídos sordos, Sacudiéndose la ignorancia

Ando con el hígado esponjado y los ánimos acalambrados; y es que han abusado de mí, bueno, más bien de lo que no me sobra.

En pasados y atribulados días, al repartir mis centavos de la quincena en los usuales menesteres mensuales domésticos y al revisar el estado de cuenta de una tarjeta de crédito a la que me da miedo (con horror incluido) gastarle más de los tres pesos que puedo pagarle, resultó que le debía yo al plastiquito mercantil un formidable fin de semana en las playas de Manzanillo (nótese que fue en hotel de 5 estrellas) una laptop, una cena en elegante restaurant de la comarca, una aparatosa antena de televisión, unos cambios de ropa en una boutique fashion  y varias idas al cine para dos con todo y palomitas.

Válgame la vida! … ¿Y cuando hice yo todo eso? pregunté a mi misma revisando mi agenda mentalmente.

Con el entripado dolor de estómago causado por el enojo llamé al banco receptor donde un amable señorito me respondió y me hizo notar que había sido yo víctima de un fraude, que me habían clonado la personalidad junto con la tarjeta de crédito y bla bla bla.

Después del arrebato y consabido lloriqueo y de recitarle mis datos por quinta vez, tuve que asegurarle y jurarle por el creador y toda su tribu de santos que no era yo la que me estaba paseando por el malecón de Manzanillo porque ni al del cercano Lago de Chapala logro llegar, que mi vieja computadora a regañadientes y actualizaciones piratas aún saca la chamba como para agenciarme una nueva laptop, que con trabajos me voy a los tacos al pastor de la esquina a cenar de vez en cuando y eso cuando me sobra algo de la quincena, que mi vieja televisión análoga de 14 pulgadas sobrevive de la señal pública emitida de la gran antena del cerro del 4 porque no tiene ni entrada para esos modernos cachivaches, que yo me hago de ropa nueva sólo en las navidades cuando alguien me la regala y lo peor, que tengo años que no me paro por el cine porque prefiero el teatro y embarcada como ando en la soltería se me hace milagrosamente imposible andarme paseando en par por el cinepolis… y en dado caso que así fuera… ¡yo jamás compraría las palomitas! Faltaba más!.

Así que una vez apechugado el exabrupto, dicen que seré yo sujeta a investigación escrupulosa y viviré un mes bajo la lupa de la desconfianza de la institución bancaria en lo que se resuelve la situación.

Y a esos indinos defraudadores del crimen bien organizado que osaron atentar contra mi escuálida vida monetaria les deseo que una de las plagas bíblicas los extermine o ya de menos que les caiga un yunque en la entrepierna.

Y aunque no sé aún de dónde diablos extrajeron la copia de mi plástico esos hijos de nadie, un amigo me mandó un video, el cual me hará sospechar de hoy en adelante de toda mano en la que deposite yo mi tarjeta.

Véanlo por favor y tengan cuidado con sus tarjetas. Y es que como buen ciudadano de a pie, no nos hacemos conscientes de éstas cosas hasta que nos pasan.

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El monólogo de Nina

Arte, Palitrochadas

Jajaja… tienen que ver el monólogo de Nina que hace parodia de los vaivenes de ser mujer en estas épocas. Genial.

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Pero si las mujeres somos las de los dramas

Palitrochadas

El sábado al mediodía mi amigo eterno cuasi fraterno me mandó un mensaje de texto por el teléfono, un mensaje que no vi sino hasta en la noche, en el que me preguntaba qué plan tenía para la tarde (si, esa tarde).

Mi fabuloso y excitante plan vespertino de horas languidecidas fue lavar ropa y el resto del día ponerme a pintar, y cuando hago eso último me olvido de todo lo demás. Reconozco que por mis vaivenes personales tengo olvidadas las amistades desde hace días, así que cuando en la noche vi el celular le llame a mi compa para decirle “sorry, es que  acabo de ver tu mensaje, me pasé el día lavando y pintando y… ” esto de inmediato fue respondido con un tajante “sale, no necesitas explicar que ya no te importa mi amistad”.

A ver, aclarando:
- Yo tengo celular no para la comodidad del prójimo sino para la mía. Y quien me conoce sabe perfecto que no soy de esas personitas dependientes del teléfono que sondean el universo telcel cada 5 minutos a ver quién les manda mensajito. God! Get a life!

- Si quieres una respuesta inmediata marca, habla, ¡comunícate!. La gente es muy coda hoy en día, no tengo idea cuánto cuesta una llamada pero creo que no pasa de 3 pesos el minuto y  el mensaje cuesta menos. No es cuestión económica, hay que denotar el interés hacia las personas que supuestamente te importan.

- Y yo, yo soy morra, yo hago dramas, soy una master en eso, créanme. Yo tengo más dramas en mi cabeza que toda la producción griega de tragedias juntas,  así que no me vengan con sus cosas porque así como hago mil dramas también sé que los dramas dan hueva. Y que la gente que se tira al piso diciéndote “yo sé que no te importo” sólo logran… importarte menos.

Misery likes company… but company usually doesn’t like misery.

Así que por favor, yo no le haré un drama a mi querido amigo porque me hizo uno y sé que ustedes no me harán un drama porque no respondo o me tardo en contestar un comentario o un correo.

Este mundillo sería un lugar más feliz si la gente fuera menos orgullosa y azotada. Y se los dice una orgullosa y azotada profesional.

Cuatro años de La Palitroche

Palitrochadas

527 post en 4 años que dan fe de mis quehaceres, desencantos, quejas, vivencias, intereses y banales conocimientos entre otras cosas.

Supongo que el día  que no tenga nada porque quejarme, deje de compartir lo que sé o dar mi opinión sobre lo que no sé, este blog dejará de existir.

En lo que eso sucede, apechugo y me congratulo al mismo tiempo por haber llegado hasta aquí.

No más cuentos de amores surrealistas

Palitrochadas

Se acabaron las historias de amor surrealistas para mí. Después de las tardes divertidas, las noches pervertidas y los besos compartidos en realidades alternas, finalmente se acabaron y está bien, muy triste pero bien. Siempre he dicho que a veces el amor no es suficiente, y vivir en contínuo altibajo emocional por no ajustarse a las expectativas planteadas termina por cansar. Cuando dejo ir a alguien (para lo cual soy increíblemente mala, incompetente casi casi) no deseo absolutamente nada, nada… es extraño. Pero sí espero que mi ahora ex amor se haga una buena vida para él, y pienso mucho acerca de quién lo está cuidando y lo cuidará por mí y espero lo haga bien. Quizá, con tiempo de por medio, hasta podríamos sobrellevar todo aquello por lo que fuimos y no fuimos… y ser amigos.

Jajaja… sí, yo sé.

Y es que hay ocasiones que no es sino hasta que te picas los ojos al punto del desangramiento existencial por las falsas expectativas que tú sola te vas generando cuando te decides, tomas aire, y lo preguntas, y te contestan. Y lo malo de las respuestas, es que generalmente conllevan necesarias acciones. Lo bueno, es que son digamos… definitivas. Porque si te lo están diciendo, ya necesitarías arrancarte parte del cerebro para poder seguir haciéndote la loca.

Dudé mucho para alejarme, pero creo que pasó de la mejor manera dentro de las posibilidades existentes, soy mala para las despedidas y las palabras de adiós muchas veces salen sobrando. Recuerdo la última vez que lo abrace, que yo tenía claro que era de las últimas, aferrada a su espalda que fue mi casa, y a su torso que fue mi templo, y que dejaba de ser mío como feligrés que cambia de parroquia.

Y lo bese al final, tres veces, como si no pudiera creerlo. Los besos de despedidas son horribles, los acompaña una tristeza que recorre tu columna, para avisarte desde adentro “ya me voy”. Los últimos recuerdos, los “que tal si…”; se baten en el estómago junto con los jugos gástricos y el licuado mañanero… y la impotencia y zozobra de duelo sabes que no te dejará estar en paz por un rato.

Tengo alma de masoquista, así que aunque sé que pasará me gusta revolcarme por un rato en el dolor y entregármele completa porque he aprendido que solo así termina de salir, de irse.

Me duele el corazón, literalmente, si me toco mi pecho izquierdo con los dedos, duele… ouch!,  el dolor se siente raro, chistoso, como un viejo amigo que tiene tiempo que no ves, y te recuerda tus mejores anécdotas y tus peores días también. Podría decir que hasta casi casi ya extrañaba la sensación.

Casi, ja!.

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Si hubieras querido

Palitrochadas

Si hubieras querido me habrías arrancado los ojos, encajado los dientes, quemado la piel.

Si hubieras querido me habrías lamido las yemas, arañado los muslos, mordido los pies.

Si hubieras querido habrías rasgado mi espalda, quebrado mi cuello, sorbido mis venas.

Y es que de haberlo querido te habrías quedado con mi cara, con mis ganas, con mi aliento, con mi boca y mi sostén.

Porque pudiste serlo todo, fuiste todo: fuiste tú. Pudiste adueñarte de todo y dejarme sin mí.

Pero no.

Sólo abriste mi cabeza, mis piernas, mis ansias y mi realidad.

Me besaste, tanteaste, elevaste. Y yo ni siquiera las manitas metí.

Y fue porque yo quise… y porque te quise.

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Sufriendo de empacho por los anuncios del IFE

Palitrochadas, Para oídos sordos

No puede ser que no pueda yo disfrutar de las cosas banales que hacen feliz mi mundana existencia, tales como el escuchar en paz el radio o disfrutar del drama pasional de mi telenovela del canal de las estrellas sin que tenga yo que esculpir en piedra y a manera forzada en mi memoria el guión de cada comercial del IFE.

No sé ustedes, mi querido puñado de prójimos paisanos, pero a mí, dichos anuncios y la masticada idea que prodigan me causa empacho y me machaca la paciencia junto con la escuálida y raquítica fe que tengo en la democracia de mi amado país.

A manera de quejumbre, no de reclamo, y aunque suene yo como una subversiva, impaciente y quisquillosa ciudadana, lejos de creerles algo o de que me dejen ganas de concientizar mi voto, me hacen recordar que desde que tengo uso cívico de razón, esto de las elecciones es el mismo teatro zarandeado cada 6 años (y apenas vamos por el primer acto).

Procuraré tomar en cuenta aquello que insinúa nuestro actual gobierno de que lo nuestro no es pobreza, sino mala administración, pensando en ello emitiré mi voto para ver si así cambia la cosa, porque eso sí, las esperanzas no se me acaban; a pesar de vivir crucificada por el trabajo contínuo, sin tregua y con una remuneración más modesta que mis ambiciosas expectativas de vida, y que ni estirándolos como resorte de calzón me ajustan los centavos, ya no digamos para concederme un fin de semana al año en alguna playita perdida de mi propio país, sino para solventar algunos otros lujos como poner gasolina a mi cochecito, reponer unos zapatos viejos y comer tres veces al día.

Pero aún así, dada la situación, no necesito que me digan qué hacer talachándome el cerebro con mensajitos que malgastan infamemente el significado de las palabras “libertad” y “democracia”, ni que me recalquen lo que ya sé: lo importante para mí que es escoger de manera inteligente de entre  la bola de nada  impolutos políticos próximos a gobernarnos el talante y el sexenio al que más me convenga o de plano al que menos me chingue.

No señor, no creo que sea esa la manera.

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Y … ¿le entrego mi sufrimiento al Señor?

Palitrochadas

Haciendo fila en el consultorio médico en espera de pasar con el galeno, quien sabe que cara tendría yo, que un fino señor creyente me soltó la frase: “No se preocupe, entréguele su sufrimiento al Señor”.

Me hubiera gustado ver mi propia expresión así de ceja levantada y toda la cosa. Por respeto al doñito reí con desdén internamente, pensando… como si una pudiera agarrar y decirle a alguien más (un señor, por todas señas): “aquí tiene, son tres cuartos de impotencia y medio de vacío existencial, tres cuartos de tristeza y dos kilos y medio de desilusión, quédese con el vuelto”.

Si, ando desorientada, triste y enojada. Siento mucha impotencia y muchísima decepción. A ratos siento tanto coraje que creo que voy a explotar y salpicar con mis adorables vísceras, como en película de Tarantino, y de repente se me saltan las lágrimitas, así, nada más.

Y qué?… no es tan fácil… uno se queda con sus tristezas a lidiarlas y nadie, nadie puede compensarlas, ni siquiera tengo ánimos de ir con mi mejor amiga o de ir a coger o platicar con alguien calificado, o venir a desahogarme en este mi blog y describir paso a paso qué sucede, aunque aún puedo escribir qué es lo que siento y… bueno, eso se siente un poco mejor.

Una decisión madura sería mandar al demonio a aquellas situaciones que constituyen un peso muerto, que te hunden con sus complejos y sus traumas. Pero suena tan fácil decirlo como difícil llevarlo a cabo.