El beso. Una obra grandiosa del arte erótico, en la que pareciera todo ser incierto y no sabes si las cosas ya pasaron y todo se dá a la imaginación o las cosas se anticipan y están a punto de ocurrir.
La escultura es algo así como mi técnica frustrada, en las clases de la escuela no pasaba de hacerlas en plastilina y casi siempre se quedaban en yeso, sin embargo me encanta y uno de mis sueños a cumplir antes de dejar este mundo con los pies por delante es ir a ver esas esculturas grandes de mármol blanco llenas de historia que abundan en el viejo continente, un día de estos nada lejano se me hará, ya lo manifiesto.
Mientras, les platico de una de mis favoritas: El Beso, del escultor francés Auguste Rodin igual casi de importante como su escultura de El pensador. Una escultura que muestra a una adorable pareja de amantes desnudos. (Ah por cierto, que un saludo apasionado al mío, jo jo jo). Ok, perdón por la intromisión.. continúo. Les decía que no hay obra más específica que el beso, una obra apasionante, llena de sensualidad y deseo, la mezcla perfecta entre una escultura griega antigua y una escultura contemporánea.
Rodin para esculpir El Beso, se basó en la pareja de Paolo y Francesca quienes eran tan famosos como Romeo y Julieta a finales del siglo XIX, un par condenado por enamorarse de forma adultera(o sea que además de estar enamorados pues cogían, lo cual no era como muy bien visto en aquellos ayeres), pero la historia no acaba ahí, si no que era cuestión de doble pecado porque además de coger estaban en adulterio debido a que ella estaba casada. Les explico: Francesca de Rimini o de Polenta era una noble italiana de la Edad Media cuyo trágico destino fue escrito y claro, inmortalizado por su contemporáneo Dante Alighieri en La Divina Comedia como símbolo del adulterio y la lujuria. Y eso ultimo ¿porque?.. pues ella contrajo matrimonio en 1275 con Giovanni Malatesta de Rímini, un sujeto que le convenía según su padre por cuestiones de política y no por amor (nada nuevo eh). Pero como Francesca se sintió atraída por el hermano menor de Giovanni, Paolo, se enamoro de él y pues claro que se le hizo fácil hacérselo amante. Cuando el marido descubrió la relación que mantenían, los mato, a ambos, así como así. Ella tenía 23 años y él 25.
La escena de El Beso en especifico narra uno de sus encuentros, más bien el último cuando ambos están desnudos leyendo un libro que versaba la historia de amor de Lancelot y Guinivere, (si aquellos de la historia de la mesa redonda), pues cuando estaban leyendo se enfrascaron en la conversación de los amantes y terminaron haciendo lo suyo, de hecho en la escultura se ve el libro todavía en manos de Paolo y como dijo Francesca “No terminamos de leer ese día”… pero no por lo que ustedes están pensando, sino porque en ese preciso momento fueron descubiertos por el marido muriendo a sus manos momentos después.
El Beso fue de gran controversia en su tiempo por manejar el tema erótico, la escultura originalmente nombrada Francesca de Rimini; cuando fue vista por primera vez en 1887, uno de los críticos de la época en lugar de escandalizarse simplemente la llamo Le Baiser en francés (El Beso), aunque cabe señalar que Baiser en francés significa “coger”, ¿curioso dato verdad?
En fin, que Rodin, el segundo escultor más importante después de Miguel Ángel se sabía que era de gran apetito sexual, decía: “La gente dice que pienso demasiado en las mujeres, sin embargo ¿en qué puedo pensar que sea más importante?.”
Siendo así, la escultora Camille Claudel, amante y gran amor de Rodin fue la inspiración para muchas de sus obras, aunque desgraciadamente no para esta, ya que conoció a Camille dos años después de los primeros bocetos de la obra. Sin embargo ella si inspiró versiones de la misma obra y muchas más, y asi con todo y todo de todas maneras su amor no tuvo un final feliz.
Antes de crear la versión en mármol, Rodin produjo varias esculturas menores en yeso, terracota y bronce.
En total, Rodin produjo tres esculturas de mármol de gran tamaño de El Beso.
La primera y version francesa en 1888, cuando el gobierno francés encargó a Rodin la primera versión en mármol de El Beso de gran tamaño y apareció por primera vez en el Salón de París en 1898.
La segunda, en 1900, que tiene un poquito más historia, fue un encargo de Edward Perry Warren, un coleccionista americano homosexual cuya condición para Rodin fue que “los genitales del hombre deben ser completos” y no como estaban en la versión francesa.
Al serle entregada la pieza y no cumplir sus expectativas, Warren la mando a uno de sus establos donde la tuvo casi una década ahí guardada, (motivo por el cual ahora el mármol de dicha escultura tiene una especie de hongo que le está causando manchas que los restauradores no saben cómo limpiar). Después de tanto año la pieza finalmente fue donada al ayuntamiento de Sussex, Inglaterra donde de nuevo fue cubierta con una lona al llegar las tropas de soldados ingleses durante la guerra argumentando que despertaría en ellos los deseos sexuales y los incitaría a salir en busca de jovencitas o incluso que promovería la homosexualidad entre ellos mismos.
Tres años más tarde, en 1917, El Beso regresó a los establos donde había estado y, tras la muerte de Warren en 1928, fue subastada sin alcanzar el precio que se pedía por ella. Finalmente fue ofrecida a cualquier galería que pagara los gastos de transporte y, durante algunos años, permaneció en la galería de arte de Cheltenham, hasta que en 1953, la galería Tate lanzó una campaña pública para la compra de la escultura para la nación inglesa.
Y una tercera copia fue comisionada por el coleccionista danés Carl Jacobsen, y se encuentra en Ny Carlsberg Glyptotek de Copenhague.
Como dato curioso, en 2003 la escultora Cornelia Parker, envolvió el beso con un milla de cuerda como parte de una de sus instalaciones a presentar, sin embargo el también artista británico Resse Bottler lo tomo como una ofensa y unió a varias parejas para quitar las cuerdas, lo cual fue tomado como acto vandálico.
Asi, el Impresionismo muy de moda por aquellas épocas en la música y la literatura se hizo presente en la escultura con El Beso donde Rodin entendió, aplico y renovó la importancia de la luz en las formas moldeadas rompiendo con los cánones académicos de la época y abriendo paso a la escultura contemporánea.












