Esas son lecciones de vida y no fregaderas

Palitrochadas, Para oídos sordos Agregar comentario

Reconozco que el andar aventando pestes con la actitud y con la boca no lleva a nada bueno, de todos modos no remedias nada y sólo terminas por estresar a tu hígado.
Si, eso último no lo dije yo, ¿ah poco creen? lo dijo un buen amigo a quien quiero mucho y que es una de las dos únicas personas que cuentan con mi admiración estos días.

Siempre que le llego con quejumbres me conforta y me dice que no ande dejando pedacitos de piel por donde ando, que porque un día quedaré solo en las costillas. Es muy claro con sus ideas y de las poquísimas personas en mi vida que he visto son congruentes a la par de su proceder con lo que sale de su boca. Le digo que pese a su mediana edad, su alma es como de esas almas viejas y sabias que siempre tienen un sonriente consejo. Y amigo tan leal que bien podrías llegar a su casa a las tres de la mañana, con una alfombra enrollada de sospechoso aspecto y sin cuestionar agarraría su chamarra junto con una pala y se iría contigo a dar una vuelta.

Hace como menos de un año le diagnosticaron cáncer, de esos casos insalvables, dándole  unos pocos meses de vida. Estos días, cuando nos enteramos que cayó de repente en terapia intensiva en el hospital, a todos sus “compas” como él nos llama, se nos engarruñó el corazón a sabiendas que la hora sin duda está cerca.
Nos hizo pasar las de Caín porque pidió una cena mundana de tacos, cerveza y cigarrillos, los cuales pasamos de incógnito temiendo que nos fueran a cachar en el acto, nos llamó uno por uno y se despidió alegre. Insiste que se va a ir al cielo o su equivalente y no porque lo merezca sino porque sobornó dos que tres entes divinos para ganar un buen lugar. Su buen humor dentro de lo que cabe es reconfortante, aunque a más de alguno le sonó creepy convocó a una tertulia filósofica de las que hacemos siempre y hablamos sobre la muerte entre otros menesteres, en la cual terminamos ayudándole a escoger su ataúd de entre las fotos de un catálogo.

Es curioso, estoy triste, aunque no de la manera en que pensaba, más bien una gran sensación de vacío que no se me quita y me acompaña todo el tiempo. Desde que lo conozco, siempre ha tenido ese temple que le caracteriza y se ha tomado la vida y sus vaivenes con una desfachatez que da envidia, y su muerte no sería la excepción. Dos cosas me dijo que  me dejaron pensando, la primera: “que la razón, tu razón no te limite” y la otra es dar, pero no andar obligando a la gente a recibir. Si, aún las estoy masticando. Le digo que este proceso que está viviendo es toda una lección de vida para quienes le rodeamos, a lo que contestó un  “qué bueno” seguido de una sonrisa.

Y con un nudo en la garganta me pongo a escuchar su canción favorita y a orar a su salud en silencio.

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((Te quiero hermano)).




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