Eso de las dietas a mi jamás se me ha dado, y que bueno, que gracias al creador y a los bondadosos genes heredados por parte de mis sacrosantos progenitores, no he necesitado echar mano de tan rudas tácticas anti culinarias más que en vísperas de ocasiones especiales, tales como algún bodorrio, bautizo o celebración ocasional en la que me veo obligada a enfundarme en algún apretado atuendo y eso para evitar lucir como embutido en aparador de carnicería.
Desde el tránsito de dejar el biberón y pasar a la papilla, fui de bastante mal comer, pero aprendí a hacerlo gracias a las artes de una madre tan eficiente para menear la cuchara en la cazuela del mole, como para estampárnosla en las nalgas cuando nos rehusábamos a ingerir la sopa de fideos, las verduras o el plato de frijoles en turno.
Y es que acepte la invitación a comer por parte de una amiga el otro día, quien olvido el detalle de mencionar que estaba en estricta dieta hasta que estábamos en el umbral de un restaurante de ensaladas… ¡caramba!, y aunque no soy de las que comen cual Neanderthal ingiriendo mamuts, la verdad yo sí que me hacia comiendo un buen filete con papas al horno en algún fino restaurante campestre de la comarca.
Lo bueno que dicho establecimiento estaba apegado a las usanzas cuaresmales propias de la temporada, así que los camarones, el marlín y uno que otro pescado zarandeado seguro que me hacían ojitos desde la cocina y mis tripas hambrientas no admitían mayor demora para devorarlos.
Una vez llegados los aderezos y salsas con totopos, me dispuse a engullir unos cuantos junto con un desmejorado guacamole, no importándome en absoluto la mirada de ojos pelones de mi amiga mientras esperaba mis deliciosos camarones a la diabla, los cuales resultaron ser el platillo de lo mas light que he probado en mi vida, 3 raquíticos crustáceos aposentados en aquel plato y observando mi rostro con desazón entre tanta lechuga fue mi comida de ese día.
-Ni modo- dije yo; así que lo único que hice es apechugar y solidarizarme con mi amiga pidiendo un refresco light y comiendo solo con tenedor. Renuncié a la rebanada de pastel y la jericalla que se veían a lo lejos allá en la cocina, y rematé con un café sin azúcar para la plática de sobremesa.
No vuelvo yo a salir a comer con alguien que está a dieta, eso de comer solo con los ojos como que de plano no se me da.