“Pues a juzgar porque tengo vagina, creo que si lo soy..” contesté yo a grito pelado a tan testosteroso insulto por parte de un automovilista a quien según él iba yo estropeándole la circulación el sábado por la mañana; parecía que la calle no le ajustaba y claxonazo tras claxonazo quería orillarme de mal talante a quitar mi pachorruda cabalgata automovilística para deambular a sus anchas y a velocidades dignas de estrellarse en un poste.
Reconozco que mi pasión por las altas velocidades nunca se me ha dado formalmente, solo en contadas ocasiones y de manera espontánea (por no decir milagrosa) y eso solo cuando la necesidad es mucha por llegar puntual a mi destino.
Pero lo que más me caló en el tuétano de mis adorables huesitos, fue el comentario en tono ofensivo que da nombre a este post. Realmente me pregunto si la misoginia a veces pululante en esta ciudad se pega así nomas por obra del misericordioso o porque deambula en forma de molécula flotante por los aires, no entiendo porqué a veces algunos seres masculinos utilizan términos como vieja o nenita, para referirse a ocasiones o hechos que ellos consideran de debilidad o estupidez, solo para desacreditar algún acto en especifico por parte de una fémina o hasta entre ellos mismos.
Todo esto lo pensé en el lapso de un semáforo a otro después del suceso, pero dos calles más adelante me encontré con una carambola de coches en filita entre los cuales el misógino automovilista antes mencionado yacía mentando madres para sus adentros y sus afueras intentando en vano acomodar la defensa caída de su coche.
No es que yo guste de regodearme con el dolor ajeno, pero no niego que al pasar le eché al sujeto una mirada acompañada de una sonrisilla perversa por haberme hecho pasar tan efímero berrinche, y aunque tenga yo las habilidades de una tortuga al volante he de confesar que con que llegue yo a mi destino con el pellejo y el coche intactos y sin sobresaltos, todo lo demas me importa lo que un zarandeado rábano.


