Con ánimos parlanchines vuelvo a la realidad, después de la ventolera de unos merecidos días de vacaciones que me sacudieron el estrés que ya me tenía acalambradas hasta las ganas. Heme aquí yacente y provista de ánimos no tan renovados pero al menos sacudidos.
Salir fuera de la ciudad realmente le cambia a una el panorama citadino que regularmente nos hace comportarnos como caballo con anteojeras, siempre con la vista al frente evitando de tal manera apreciar lo que tenemos y por supuesto, de lo que carecemos; y es que me fui unos días de vacaciones a Hermosillo, en Sonora, por allá por el norte de nuestro desmejorado país, Hermosillo que si.. de hermoso tiene mucho, aunque la verdad me la pasé como en otro planeta, descansando a pierna suelta en casa de una amiga en donde me dieron asilo de poca. ¡Que hotel de 5 estrellas ni que nada!, en mejor lugar no pude yo caer.
Pasaba los días descansando, paseando, conociendo el lugar y comiendo extrañas exquisiteces, eso sí, extrañé los frijoles de la olla como no tienen una idea y las tortillas de maíz tan desparecidas como si estuviéramos a años luz del México de los tacos. Cerros pelones llenos de hermosos cactus, pero pelones, desprovistos de esos verdes panoramas que brindan los yerbajos de mis tierras tapatías gracias a las lluvias inunda-todo.
El clima tan loco que de día ese sol calienta ánimos, tatemaba mi nariz y mis mejillas, y de noche un frío como para aflojar las muelas de tanto tiritar, al bañarme el agua me cayó de maravilla los primeros tres días, quesque por las sales minerales que contiene, aseguraban los lugareños, pero al cuarto día andaba yo mudando de piel cual pellejuda serpiente desértica, debido a las bondades de tan mineralizadas aguas.
Mis aventuras incluyeron, un masaje en bruto en un hotel remoto, riquísimo pero que me dejo las piernas moreteadas, días enteros buscando una sola cerveza, porque solo venden el six , (qué mejor pretexto para chelear y embriagarse… pensé yo).
Descubrí que los gatos maúllan diferente, como que tienen acento norteño, si, si…dicen meou en lugar de miau, ¡se los juro!!; y existe una plaza dedicada sólo a los hot dogs, también conocidos como dogos (que por cierto, son los mejores que he probado en mi vida, hasta vinieron de los United States a hacer un reportaje) y también que casi casi le hacen un monumento a los tostitos (si, esos de las papas sabritas), y lo ponen junto al de Colosio porque todo mundo los come y los venden en cada esquina servidos con todo un bufete encima digno de cualquier restaurante campestre.
¡Ah! y me llamó la atencion que no dicen “ocho”, o “mucho” sino “osho” o “musho”, lo cuál me pareció bastante gracioso.
Y por allá el desierto esta a la orilla del mar, ¿no me creen? Vean..
Me fui a la playa y el agua estaba tan helada que sólo se pueden sumergir los pies…
En fin, que viví todas las bondades de una ciudad grande y cosmopolita.. con los beneficios de una pequeña, me divertí mucho, y hasta material para un wallpaper me traje.. (ya imaginarán como se ve esto en vivo)..
Gracias a Grace y a “la Shula” quienes amblemente patrocinaron este post, porque claro que si no me hubiesen dado asilo en sus aposentos y recibirme como lo hicieron, difícilmente hubiera yo podido pisar tan áridas y pelonas pero cálidas tierras.




Diciembre 4th, 2009 at 6:28 pm
Julius! Que padre! gracias por todo, ven a lavar el fondo de la licuadora, jajajajajja