Supongo que para algunos cumplir años puede ser como una ventolera de aire fresco, o bien de aire frío, cada quien lo acomoda a su conveniencia.
Para mi es lo segundo, y es que hoy es mi cumpleaños y no, no estoy lista… no me apetece cambiar. Quiero que el tiempo se quede así, como está, quietecito y en paz, sin ponerme arrugas en la cara, sin que se lleve mis pechos hasta el suelo y sin que se lleve por el rabo mi capacidad de pensar , de recordar o en el peor de los casos hasta de ir al baño por mi propio pie.
Sí, lo admito, cumplo un año más y no me vuelvo loca al respecto. Nunca comenzaron a darme comezón los años hasta que entre a los treinta y ahora estoy metida en ellos hasta las rodillas.
Supongo que hay algo acerca de los cumpleaños que nos recuerda que el reloj es unidireccional, y como resultado, nos enfrentamos a la realidad de que en años venideros seremos unos vejetes.
Pero créanme que no me quejo, en realidad estoy agradecida de estar aquí y ahora, de que puedo tararear a grito pelado una canción que me gusta, de que tengo cierta habilidad para ser espontánea y que de no ser por el tiempo, no hubiera mejorado la técnica.
Amo no tener un plan de vida de aquí a cinco años, eso, muchos dirán que es inmaduro, pero me agrada la idea junto con el no tener tantos compromisos en mi vida.
Pero por eso, este año ha sido diferente, sé que el cambio que viene es inminente, que la vida se puede volver menos excitante y hasta un poco predecible, que el tomar decisiones será requerido con más frecuencia; pero lo peor es que el cambio ocurra porque tiene que pasar – con la edad vienen más responsabilidades, con la edad vienen más presiones financieras, con la edad vienen más cuestiones de salud, con la edad viene el sentido de la urgencia de llegar, alcanzar, ser y hacer lo que siempre has imaginado para tu vida.-
Pero… ¿cómo lidiar con los queveres de la edad?; algunos lo arreglan superficialmente: Botox, cirugía plástica o pociones mágicas.
Para mi es mantener el estilo de vida que quiero y no pagar el precio por evadir decisiones que no he tomado, es la habilidad de tomarme el tiempo, de todavía cometer errores y aprender alguna que otra lección, sin pasar por el sentimiento de que necesito ser mejor porque soy adulta. ¡al diablo con eso!
Y ¿qué es la edad al fin y al cabo?, ¿sólo un número?, mmm… cada quien tiene su propia respuesta.
Sigan cavilando, que la mía yo me la guardo.
sep 15
