Ya sé de donde proviene el aborrecimiento hacia número 41
Para oídos sordos, Sacudiéndose la ignorancia Agregar comentarioPara quienes son de lejanas tierras, acá en México, para nada es venerado el número 41, a tal grado que no tiene ninguna validez y suena ofensivo llegando a pasarlo por alto.
No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. En los varones nadie cumple 41 años, de los 40 se saltan hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni policía o agente que acepte ese guarismo, al menos eso asegura la Wikipedia.
Y aunque en los últimos años ha tenido por bien disminuir la tirria social a este número, por ahí se oyen de vez en cuando comentarios malechosos al respecto; lo del cumpleaños es cierto, conozco hombres de esa edad que se la pasan por alto o bien cual señora indignada, prefieren dejar al incauto que se atreve a preguntar pasmado de narices con la pregunta en la boca.
La explicación a tan numeroso infortunio es que en la época de allá de los finales del siglo XIX y principios del pasado, en donde aquel presidente pasado de lanza que se atoró por 30 años en el poder, el Ilustrísimo Porfirio Díaz, fue envuelto en quizás uno de los escándalos más sonados de la época.
El 18 de noviembre de 1901, durante su mandato, se realizó una redada, realizada en la calle de la Paz en la ciudad de México en contra de un baile de hombres que se estaba realizando en una vivienda particular, de los cuales 22 estaban vestidos de hombres y 19 de mujeres. La prensa mexicana lo sacó a relucir, a pesar de que el Gobierno se esforzó en tapar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a las clases altas de la sociedad porfiriana. La lista de los nombres nunca fue revelada.
Pero resulta que entre los individuos había uno más, haciendo un total de 42, se trataba nada más y nada menos que el esposo de la hija del presidente, Ignacio de la Torre y Mier a quien se le permitió huir.
De los 41 restantes, algunos por su posición aristocrática y económica se le permitió comprar su libertad, a los demás se les trepó en un tren camino hacía Yucatán a enfilarlos para el ejército. La noticia corrió rápidamente y el mencionado tren fue señalado por donde pasaba, llamado el tren de los afeminados, el tren de los 41.
Las notas de los periódicos de la época son bastante ofensivas hacia los homosexuales:
La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a. calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos. No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos.
Además les dejo un fragmento de La gran redada, documento de Carlos Monsiváis en donde extiende su opinión y los hechos respecto a este acontecimiento:
“Lo más significativo del episodio de Los 41 es, desde luego, la Redada con su negación absoluta de los derechos humanos y civiles. A partir de ese momento, se sienta jurisprudencia y lo que viene es legal porque ya lo fue: redadas continuas, chantajes policiacos, torturas, golpizas, envíos a las cárceles y al penal de las Islas Marías. Sólo se necesita una frase en el expediente: “Ofensas a la moral y las buenas costumbres”. No hace falta más, no hay abogados defensores (en el caso de los jotos ni siquiera de oficio), no hay juicios, sólo caprichos judiciales dictados por el prejuicio y “el asco”. Y la sociedad, o la gente que se entera, encuentra normales o admirables esos procedimientos.”
Y así pasó a la historia el tan homofóbico relato, llegando a ser parte desgraciadamente de la cultura mexicana y de paso, a alentar el repudio hacia los homosexuales que todavía ronda entre nuestra sociedad.

Junio 13th, 2009 at 1:41 pm
Julia,
cuando leí los dos primeros párrafos me dije:
“A ver con qué nos va a salir esta niña. Esto es broma seguro!!”
Y ha sido acabar de leerlo todo que me he quedado que si me pinchan no me sacan sangre!!
Por Dios! que eso ocurrió a principios del S.XX!!
(según leo en tu texto)
En serio a día de hoy se arrastran semejantes prejuicios?
Uf!!
Disculpa, igual la que tiene prejuicios soy yo…
porque te juro que no lo entiendo…
41, 42, 50, miles de besos sin prejuicios desde el S.XXI para ti Cielo.