Las cuestiones acerca de vestir de marca

Palitrochadas Agregar comentario

No he de negar que mis genes no carecen de ese gusto que tenemos las féminas de colgarse del monedero y salir airosas al primer centro comercial que nos quede de camino, con el fin de refinar los gustos y zarandear la tarjeta de crédito con un buen vestido o unas buenas chanclas dignas de aparador.
Eso sí, tiene que ser mucho para que yo me deje llevar por mis neuronas compulsivas a tales fines, lo cual no pasa con una de mis amigas a quien acompañé este fin de semana de compras, a sabiendas que se las da de sabionda de modas, tendencias y quien sabe que más… y que de paso, en el acto quiere aleccionarme en todo lo que a trapos y bisutería de última se refiere.
Y aunque iba en calidad de acompañante, no pude evitar en hacer muecas al ver las marcas carísimas en cuya etiqueta, junto con las instrucciones de lavado, se les ve la frivolidad por doquier nomás porque son de diseñador.

Mi amiga creyéndome equivocadamente fascinada por lujosos trapos, sugirió me comprase yo una prenda de aquellas, mmm.. ¡Bueno no!
Hay maderas que no agarran el barniz y yo soy una de ellas, eso de andar comprando de marcas caras se me ha dado como tres veces cuando mucho desde que yo sola me hago cargo de mi sustento, pues a menos que el trapito sea la octava maravilla y me haga ver como cualquier estrella de esas que deambulan en Hollywood (lo cual es bastante improbable) pues apechugo y me aviento la deuda pagando a meses sin intereses.

Después de ver trapos hasta cansarnos nos dirigimos al departamento de cosméticos; en donde tuvimos que hacer una parada inesperada, al ser prácticamente acorraladas por una sujeta que pretendía no dejarnos ir hasta que probáramos sus menjurjes cosméticos a como diera lugar.
Nos hizo mascarillas, nos embadurnó miles de cosas, nos maquilló y quedamos chulas de bonitas. Y comprobé una vez más que no hay mujeres feas sino mujeres pobres, ya  una que otra cremita de esas que nos untó valía lo que dos de mis quincenas.

Finalmente mi amiga se hizo de uno de esos maquillajes mágicos y yo, no queriendo dejar entrever mi falta de lustre, pues me limité a alabar los lujosos productos para conseguir un paquetito de muestras y después salir de ahí antes de que mis neuronas compulsivas hicieran de las suyas haciéndome gastar lo que no tengo.

Comparte esta entrada:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • e-mail
  • Live
  • Meneame
  • Reddit
  • StumbleUpon
  • Technorati
  • TwitThis
  • YahooMyWeb
  • Add to favorites
  • BarraPunto
  • Bitacoras.com
  • email
  • FriendFeed
  • Identi.ca
  • LinkedIn
  • MySpace
  • Netvibes
  • Print
  • RSS
  • Tumblr
  • Twitter
  • Wikio
  • Yahoo! Bookmarks
  • Yahoo! Buzz



Comentarios cerrados.