Esta mañana, venía yo campante tarareando una canción que provenía del radio de mi coche camino al trabajo, cuando de la nada, delante de la luz de un eterno semáforo en rojo, apareció una pequeña multitud compuesta de sujetos y sujetas vestidos con atuendo similar.
La facha de estos me hizo adivinar que se trataban de algunos acarreados por un Candidato X echando campaña en esta ajetreada época de elecciones.
Luego de seguir obstruyendo el tráfico mañanero entre pancartas, playeras y banderines, uno de ellos se acercó a mí, amenazando untar una calcomanía ilustrada con el retocado rostro del Candidato X en mi recién lavado parabrisas; ¡con lo que a mí me dan comezón las calcomanías!, por supuesto dije que no, que si su intención era conmover mi sano juicio electorero se limitara a darme algún tipo de propuesta o algo que pusiera en papel las promesas de campaña, que en teoría buscarían mejorar mi incierto futuro junto con el de los demás incautos que compartimos el oxígeno en este país.
El sujeto no supo que decir, ¡no traían propuesta alguna!, lo único que me dio fueron unos folletos ilustrados con la foto del sobremencionado Candidato X mostrando una blanca sonrisa acompañada de una frase digna de cualquier político tercermundista y que a causa de mi desmemoria y desgana ni siquiera recuerdo.
Y bien… a falta de propuestas aunque sea un balde, una pluma, un mandil o algo útil deberían dar, dije yo, haciendo remembranza a aquellas épocas de mi infancia, cuando los candidatos que visitaban la colonia populacha a la que aún pertenezco, hacían gala de su presencia regalando cuadernos, llaveros, sartenes y demás cachivaches con los cuales se ganaban la voluntad de obreros y amas de casa.
Y me pregunto rascando mi cabeza, entre los millones de pesos que se ponen para las campañas ¿Cuánto serán en porcentaje los dineros que me rebajan de mi asalariado sueldo para pagar a Hacienda?
¿Con que porcentaje estoy yo solventando que estos indinos con candidato por delante anden por la calle haciendo desatinos en nombre de nuestra mayugada democracia?.
¡Caramba!, y así presionan para que la gente vote, si ganas no me faltan de hacerme de oídos sordos el día de las elecciones y abstenerme del voto. Sin embargo, no lo haré, ¿que dirían aquellos que alguna vez pelearon por que los demás incautos ejerciéramos ese derecho?, ¡seguro que se retorcerían en su tumba!.
Ya sé que se carece de buenas propuestas por parte de los candidatos y si las hay, nadie garantiza que las vayan a cumplir, así que la ponen a una realmente a meditar y preguntarse quién realmente merece el voto; se escuchan muchas voces inconformes, y hasta hay propuestas para anular el voto propio.
En fin, ni para donde hacerse, esperemos que todo vaya para bien, aunque ya siento que mi voluntad para votar ha sido secuestrada por tanto político rompe-promesas sentado en su comodina ineficiencia.
