Galantes caballeros acomedidos

Palitrochadas Agregar comentario

Pareciera que caballeros nada más quedan aquellos que montan a caballo, y los demás se extinguieron en el medievo.

Y es que eso de abrir puertas, ceder asientos, ceder el paso, regalar flores, escribir versos y decir piropos que ni a Sabina se le hubiesen ocurrido, pues no está de moda.

De estos seres que en la actualidad parecieran mitológicos (lo digo por la escasez), sólo quedan unos pocos y son de la calaña del abuelo, súper bien vestidos y muy perfumados.

Ahora que si hablamos de los hombres galantes, acomedidos y amables, pues hace bastante rato que no me topaba con uno, hasta esta mañana que iba yo preguntando por unos menjurjes a la farmacia. A uno de los marchantes del establecimiento pareciera que nada más le faltaba el bombín y el bastón. Me agradó tanto el mencionado sujeto que hasta le dije que le iba a dedicar un post, y heme aquí.

Desde que llegué de lo más amable el señor, “¿Cómo esta? ¿Qué se le ofrece?”, etc, me ayudó a cargar mis bolsas al coche y esperó a que me subiera para cerrarme la puerta; hasta extraña me sentí, pero no crean que sólo estaba quedando bien, en realidad era igual de amable con el resto de la clientela. Dice su mujer que parte del éxito del establecimiento es por él.
¡Vaya! pensé, de estos ni plantándolos en maceta.
En fin, que me alegra saber que aún existen esos seres que dicen no tener memoria y que aunque con menos frecuencia, aún deambulan por esta ajetreada ciudad.

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