Toda mi vida me había yo empeñado en solidificar mi fama de “comeniños”, fama que adquirí desde mi temprana adolescencia y que fue producto de los servicios que daba yo como nana de los escuincles, cuyas madres solteras rentaban la casa de mis padres, madres que entre su abnegación dejaban entrever su tacañería, ya que además de las gracias, ni un quinto me daban para el sustento de mis antojos.
Y pasó el tiempo, y ni por equivocación me acercaba yo a menos de un metro de distancia de cualquier mozalbete en edad de chupete y pañales, hasta que nacieron ese par de brotes de mi hermana que de un estornudo que duró nueve meses respectivamente, aventó a este redondito mundo. Y vaya que han conseguido amansar a su tía, a pesar de que aún me abstengo de cargar o zarandear chiquillos ajenos.
Y como mi hermana, al parecer carece de televisor para entretenerse, pues está a punto de acarrear otro mozalbete para llenar el costal, cosa que he de admitir, me emociona bastante. Ahora que viene el tercero pensaré en eso de huir de los escuincles, y creo que tendré que renunciar a sacarles la lengua cuando veo a uno por ahí en un carrito del supermercado o ponerles el pie a aquellos que como higaditos van chilleteando tras las faldas de sus madres en la cola del banco, procuraré sonreírles… lo cual para mí ya es bastante.

marzo 26th, 2009 at 4:33 pm
Jajajajaja
Enhorabuena!!
Ala! a seguir disfrutando de los retoños!!
jeje
Besos escuincles