A mediados de esta semana se nos fue el Internet de la oficina, y después de ruegos a los ingratos de la compañía que presta estos servicios y largos periodos de bostezos, no tuvimos más remedio que ponernos a trabajar. Lo curioso es que los cambios en la oficina pronto se hicieron notar: todos cambiamos de humos, saludamos amablemente, hubo algunos que hicieron limpieza general, ordenamos documentos, hubo juntas, juntas y juntas llenas de lluvias de ideas, terminamos proyectos atrasados, y yo por fin he ordenando mi biblioteca del Itunes y mi cajón del archivero entre otras cosas.
Hace una hora que estamos conectados al mundo otra vez, todo parece que ha vuelto a “la normalidad”, mañana será como cualquier otro día. Esperemos no se vuelva a repetir la desavenencia, no vayan a decir que no somos productivos por culpa del Internet.
