La hora del tráfico

Palitrochadas Agregar comentario

Odio levantarme antes que el sol, siento como si no hubiera dormido, por eso procuro hacerlo cuando se empieza a vislumbrar uno de sus primeros rayos; y después de los deberes matutinos, me arrastro cual lagartija entumecida hacia el coche. Por fin me encuentro camino hacia el trabajo.

¡Ahhh la hora del tráfico! Como libro que cuenta la diaria pelea que llevan temprano los automovilistas rumbo al colegio, para llevar a sus engendros antes que suene la campana de entrada; la chica que se va pintando en el espejo retrovisor camino a la oficina, donde le espera un jefe que le gusta o lo detesta, pero que no deja de ser su jefe; el vendedor ambulante de periódicos y tarjetas de teléfono, empeñado en que alguien lo atropelle. El chico con gafas obscuras que ocultan los estragos de la noche anterior; el semáforo en rojo, que pareciera que se jacta de nosotros, los incautos automovilistas, jugando a ser eterno; el café de la esquina con grandes ventanales, repleto de hombres trajeados con el diario en la mano, que imaginan posible gobernar al país, a su empresa, a su familia.

La hora de los corredores por el camellón con reloj y audífonos como compañía, de las señoras sin quehacer, que luego de caminar por un rato, pasaran el resto de la mañana desayunando juntas; y de las mujeres que caminan aprisa acelerando su ritmo cardiaco pudiéndolo acelerar de otra manera. La hora que yo frecuento más, y en la que menos me gusta estar.

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Una Respuesta to “La hora del tráfico”

  1. Public enemy Dice:

    Uy, yo creo que esa hora no nos gusta a nadie. ;) Saludos.