Sino fuera por el Sagrado corazón de Jesús y demás santos a los que mi progenitora desde siempre ha encomendado mi tutela, andaría yo por los cielos o a lo mejor por los infiernos, debido a la desafortunada descompostura sufrida por mi cochecito al que tantos viajes debo.
Hará cosa de más de un mes que haciendo mis pininos tras el volante en carretera, no me di cuenta a las altas velocidades que planeaba yo, cual avión por los cielos, debido a que con la quinta velocidad puesta y recién estrenada se me apagó el armatoste, y de no ser por las habilidades de mi copilota hermana, hubiésemos quedado cual calcomanías estrelladas en sendos árboles carreteros.
Una vez estacionada en bendito terruño a donde fuimos a parar, y asimilando el tremendo susto, deduje que mi cochecito necesitaba de ayuda mecánica más que espiritual.
2 días, con sus soles y sus lunas, fueron el tiempo prescrito por el facultado receptor de la agencia para poner como nuevo a mi amado medio de transporte. Ingenua yo que caí rendida a sus promesas, ya que fueron 15 los desgraciados días que anduve a pata preguntando rutas, rumbos e importes de camión. Pero al llegar el día 16 entre ruegos, relatos futuristas y apocalípticos, junto con lacrimosos lamentos, le hice saber al incauto que no necesitaba yo de andar sufriendo tales penurias, que quería mi coche al instante.
Y una vez desembolsados buenos pesos (en los cuales se fue hasta mi aún no pagado aguinaldo) para dicha reparación, por fin logre verle la defensa a mi querido cochecito; al cuál sin saber yo, habían dejado semi-arreglado. Esto lo supe de primera mano, ya que al otro día al cargarle gasolina, toda ésta fue dar al resumidero, literalmente, ya que la bomba, según el letrado marchante del gasolinero establecimiento, estaba rota.
Y ahí voy yo, trepada en grúa a reclamar con fervor las descompuestas composturas de las cuales mi automóvil había sido víctima. Lo arreglaron según ellos, me lo entregaron, ¡y justo a la semana se volvió a repetir la odisea!, con puntos y comas.
Ahora si, la niña de la película de El Exorcista me quedaba corta, les hice saber a grito pelado que no era posible tanta ineficacia de su parte, mientras el incauto agente de servicio me mascullaba terminajos mecánicos que en mi vida había escuchado, como si no supiera yo de automóviles (lo cuál es bastante cierto pero no lo iba a evidenciar), al tiempo que yo sólo pensaba en propinarle unos cuantos coscorrones para desquitar la tensión y enojo acumulados.
Por fin, desde el día de ayer tengo de nuevo a mi lado a mi cochecito, que al parecer ya quedó bien, aunque todavía tengo ciertas reservas de ir a ponerle gasolina.
Ruego y espero encarecidamente no verles la cara otra vez a esos incautos sujetos malamente llamados “mecánicos”, que deambulan entre tanto automotor, y cuyos aceitosos dominios espero no volver a pisar por mucho, mucho tiempo.

diciembre 12th, 2008 at 11:24 am
Desgraciadamente la visita al mecánico debe ser más seguida que la del dentista… pero tienes razón, son tontos, inútiles y torpes… y al final, tú vas x un problema, y resultan “descubriendo” una infinidad… al final, te salió costando lo que un carro nuevo.
jeje Saludos!
diciembre 16th, 2008 at 1:32 pm
No me puedo creer que te haya pasado todo eso…jajaja
Yo fui por una correa de nada al mecanico, y sali con una factura de 400 €. Eso es para volver a ir al mismo sitio la próxima…jejejee
enero 5th, 2009 at 10:01 pm
Mmmm, los mecánicos, los que arreglan televisores, y los que arreglan computadoras, son de las peores personas que podemos encontrar, ya que en cierto momento nos dirán frases como:
“Mirá, se te rompió el reductor cíclico del implante neumático aeromotriz, y el arreglo de sale 200 mangos, pero por ser vos te lo dejo en 150.”
Mentira!! Es un cablecito que se cortó, al flaco le cuesta los 2 centavos del pedazito de cinta para pegarlos y listo. Pero como nadie tiene idea de lo que le están hablando, pagan contentos (o no tanto, pero pagan).
Esto puede aplicarse a cualquiera de los 3 tipos de reparadores antes nombrados (y tal vez también al que arregla lavarropas, me había olvidado).
Por suerte, a mi no me pueden cagar (tanto) cuando me arreglan la compu, pero siempre alguna que otra mentirijilla dicen.
Saludos!