Ah! No hay nada como salir a distraerse y aventarse al mundano acontecer de la vida social de nuestra traqueteada ciudad. Después de una semana de oficinescos trabajos decidimos una amiga y yo asistir a uno de los eventos más esperados por el populacho tapatío en estos veraniegos días.
Con semicostoso boleto en mano, nos lanzamos a unos de esos cines restaurados de la Guadalajara de antier a presenciar tan musical evento, el cuál iba a ser dado por conocida ídola juvenil de mis preferencias.
Se acercaba ya la hora, y nosotras temiendo casi cumplir con el protocolo mexicano de llegar tarde, el cuál afortunadamente libramos de sobresaliente manera, ya que llegamos a buenos minutos antes, que nos permitieron arribar con tranquilidad a sendos asientos en donde la vista al escenario no estaba del todo mal.
Y por fín salió Julietita a cantar, entonces la prole enardecida comenzamos a hacer lo propio, cantando, o más bien berreando para hacerle compañía, mientras a lo que a cada alarido de nuestra garganta, la incauta señora instalada a mi derecha tenía como respuesta un mal gesto y unas ganas de darme un codazo para sosegarme, ya que se le notaba bastante inquieta. Y secundando la maniobra, el sujeto detrás de nosotras desprovisto de fino lenguaje vitoreaba a la cantante dejando entrever la escasa educación inculcada en su persona al tiempo que nos aturdía las orejas, todo esto junto con su mujer que a leguas se veía que era de la misma calaña.
Y así transcurrió el resto de la velada, aunque machucada por los vaivenes propios de la concurrencia y del mozalbete acomodador que nos aventaba la luz de la lamparita buscando asientos vacíos para los indinos que llegaban tarde, cortando así la inspiración entre entonación y entonación, pero fuera de eso realmente fue agradable, cantamos, suspiramos, gritamos como vacas locas al son de las canciones conocidas y las no conocidas también, vitoreamos y volvimos a cantar hasta que las ganas se desvanecieron junto con la última nota de la última canción.
Salimos de ahí con la sonrisa en una mano y el respectivo souvenir que no podía faltar en la otra, comentando hasta el cansancio el musical acontecimiento y esperando con ansias que se vuelva a repetir en un futuro no muy lejano.
