No cabe duda que cuando uno se siente que nada en este redondito planeta podría hacerte daño, y que tu vida va más o menos viento en popa no hay nada como un buen golpe, (literalmente), que te sacuda la rabadilla y te quiebre la cola para recordarte que la vida se te puede ir por el resumidero en cuestión de lo que canta un gallo o más bien en lo que te caes y de vergüenza te levantas.
Hará cosa más de una semana que caminaba yo tranquilamente bajo la lluvia cavilando sobre los dineros faltantes en mi solitario monedero cuando de un resbalón mis posaderas fueron a dar al suelo; de inmediato mis miembros, víctimas de la vergüenza respondieron cual rayo veloz y como por arte de magia me puse de pie y desaparecí del lugar.
María Magdalena me quedaba corta en cuanto a lagrimas derramadas por el dolor que martillaba mi, ya a esas alturas, mayugado trasero. Fue ahí cuando supe que era algo más serio de lo que pensaba yo, camino a mi casa vacilé en acudir a algún lugar de esos en donde corre uno en emergencias de salud para aliviar mi dolor.
24 horas más tarde supe que mi atrofiado cóccix había sufrido tremenda fractura por el santo sentón arremetido en su contra, así que por recomendación del anciano galeno por el cual fui atendida en aséptico hospital, estuve una semana inmóvil sin más diversión para mi pupila que ver los diseños de la funda de mi almohada, ya que debía permanecer boca abajo la mayor parte del tiempo de mi en ese momento atrofiada existencia.
Y como no hay nada peor que no hacer nada, mi mente sin quehacer empezó a formular, conspirar y cambiar mis teorías sobre la vida, formando así un nuevo criterio con mi fiel gato de testigo. A la conclusión llegué de que sí, a la vida le vale un serenado rábano tu estatus social y emocional y un buen día te da un certero golpe que de manera inesperada puede cambiarte física y emocionalmente.
Ahora lo que me queda es un dolor que acompañará a mi colita los próximos 22 días, y como fiel escudero, un cojín para hemorroides el cual tengo que usar involuntariamente cada vez que me siente.
Ojalá supere este trauma pronto ya que añoro volver a mi poco valorada vida de antes, la cual extraño sobremanera y juro por Dios que la apreciaré más que ahora, por lo menos en lo que no se me olvida el santo sentón.













Julio 19th, 2008 at 6:51 pm
Ojala te dure mucho eso de la apreaciacion por la vida, ya que si no entendemos al primer golpe usualmente el segundo viene con mas animo de hacerte aprender. Por lo pronto te deseo que tu cuerpo se mejore y tu espiritu se refuerce para que nos puedas regalar mas de tus palitrochadas.