Buenas chicas

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buenas-chicas La hermana menor de una amiga cumplió sus 17 años hace unos días, y según mi amiga tenía ya un rato rogándole que la llevara a un tabledance pero “para damas”, esto como regalo de cumpleaños. Por lo de la edad no había inconveniente ya que la chiquilla… muy chiquilla no se ve. Así que mi amiga decidió llevarla avisándonos al resto de la mini-pandilla, digo “mini” porque de la bola que solemos juntarnos ya casi todas están casadas y pues sus quisquillosos y santurrones maridos no las dejan ir. Y como hay de todo en la viña del señor, uno de ellos no nos baja de locas y “malas compañías” para su mujercita mientras que a otros les vale un reverendo rábano si sus susodichas acuden a ver este tipo de espectáculos. Incluso hay uno que lo agradece, dice que las mujeres deberían de acudir más seguido a disfrutar de éste tipo de eventos que disque porque así se les despierta más la imaginación… será?

En fin, que fuimos requeridas para organizar, asistir y hacer bola en tan singular festejo, y como buenas amigas que somos pues no podíamos fallarle. Llegado el día nos quedamos de ver a las afueras del excéntrico recinto. Para la festejada, por supuesto, todo era una sorpresa, ni se las olía. Una vez adentro decidimos que alguien se quedará sobria, además de de la conductora designada, esto con el fín de cuidar que ninguna nos pusiera en vergüenza saliéndose del guacal por tomar mas de la cuenta.
El show dio comienzo: ojos, hurras y billetes de a 50 pesos iban y venían mientras las asistentes gritábamos como chivas locas aludiendo a los chicos a que se deshicieran con prontitud de sus ropajes. Todo transcurrió con normalidad (claro dentro de lo que cabe en un show de estos) hasta que una doña pasada de copas (y de años también) se quiso pasar de lanza con uno de los imberbes en calzones que era parte del show, haciendo claro que todo mundo la voltease a ver. Resulta que lo agarro y no lo quería soltar, las señoras que la acompañaban se pusieron histéricas dando la razón a la ya desequilibrada dama alegando que fue al revés, que fue él quién se quiso propasar, total que se armó un alboroto y aquello parecía gallinero en tiempo de matazón. Los encargados de vigilancia pidieron a la señora que los acompañará.

Después el silencio hizo de las suyas y para eliminar la tensión, los bailarines invitaron a pasar al escenario a alguna incauta para suavizar la situación.
La hermana de mi amiga fue elegida para bailar entre ellos y cuando digo entre ellos, literalmente lo es, pensamos que la niña era tímida pero ándeles que salio todo lo contrario, nos dejo con la boca abierta. Yo, en verdad dudo que la escuincla no hubiera pisado un antro de estos en su vida.

Bueno, el meollo del asunto es que terminó ligando con un amigo de los bailarines. Una vez en la salida, dicho sujeto, quien la invito al bar de junto, ni tardo ni perezoso tenia arreglado el asunto con sendos tipos para cada una de nosotras, con el nada sano objetivo de llevarse a la niña a solas. De pronto a mi amiga le salio lo sobre protectora, e indignada prohibió dicha convivencia con los sujetos alegando que éramos “señoritas decentes”, “buenas chicas”; y que bajo ningún motivo los íbamos a acompañar. Los tipos hicieron una mueca de burla pero no se retiraron. Las demás, notando por cierto que los sujetos no estaban tan de buen ver como los bailarines, apoyamos la moción. Pedimos el coche al valet parking y al momento de que lo llevaron uno de los sujetos se aventuró a adentrase dentro del mismo. Nosotras nos quedamos boquiabiertas, ¡que susto!, el sujeto al vernos las caras río y salió del coche diciendo: -“Lastima, si fueran de verdad muy buenas chicas no vendrían a lugares como estos”- reiterando así que los muchachos estos además de no estar buenos sí que no eran buenos chicos. Se alejaron, dejándonos todavía con la cara pasmada.

Lo sorprendente fue que la mocosa se enojo y se trepo al coche indignada, ¡quería irse con ellos la muy ladina!. A lo cual en contra del berrinche de la chiquilla mi amiga objetó:- “Eso otro lo dejamos para otro día porque no voy a ser yo quién te ponga en el matadero”. Pasado lo ocurrido, nos fuimos a casa mientras masticábamos los hechos sin olvidar además el buen taco que nos dimos. Lección por aprender: “Hay lugares, situaciones y/o circunstancias en las que debes comportarte como buena chica y en el resto hacer lo que se te pegue la gana.”

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