¿Que sería bueno llevar?

Palitrochadas

Por recomendación de un grupo de pupilos al que di clases de arte meses atrás, fui requerida a manera de apreciación y agradecimiento a mi persona a un convivio en el que ellos y su prole iban a festejar el dejar el cobijo de su Alma máter para adentrarse al mundo real con conocimientos nuevos recién desempacados.

Se iban a graduar de la universidad pues.

Ya me hacía yo entaconada y enfundada en un vestido vaporoso para tal evento, pero no, al parecer las cosas ya no son como antes, ya que me dijeron que aquello era de carácter informal.

Informal? Una fiesta de graduación?

No entiendo a la juventud anoréxica y alcohólica de hoy que se conforma con que en sus fiestas haya cerveza barata. Y se sienten afortunados si en su mesa tienen Sabritones rancios, esos chicharrones de harina que dicen tener limón pero sólo están retacados de ácido cítrico suficiente para corroer las tuberías de la ciudad y exfoliar los rostros grasientos de tres generaciones de adolescentes acnéicos.

Qué les costaría tener una cena ligera con sus tres tiempos y entonces sí, un baile de máscaras y convite para que sus invitados gozaran departiendo a la luz de las velas mientras que el faisán y el áspic de foie gras les hace digestión. Pero no, resulta que lo de hoy es celebrar en lodosos terrenos baldíos y brindar con vasos de unicel. Qué digo vasos, contenedores, tambos en los que puedan tomar aquella cerveza barata que mencioné antes por litros. Los mismos litros que nunca en su vida tomarían de agua, no se les vaya a recargar el riñón.

Pero en fin, que la cosa es de coperacha… (válgame Dios)… so… cuándo pregunte que sería bueno llevar, invariablemente me dijeron que “lo que vaya usted a tomar”. Y claro, como mujer de mundo que soy, deben pensar que llegaré con una extraña botella de Absenta o una antigua cosecha de vino francés, pero sucede que últimamente no acostumbro el alcohol ni los estimulantes del sistema nervioso central. Aunque no llevaría agua simple, así que no haría la ridiculez de llegar con mi garrafón de agua Ciel, y tampoco voy a llevar mi propia infusión de hierbas como viejita loca, ni té en una botella de refresco como ese pobre compañero de la escuela que llevaba una botella de plástico verde con una extraña infusión que él llamaba té y estaba cargada de cuerpos extraños y natas que flotaban muertas en el centro de su botellón.

De ninguna manera me creo capaz de ser como esas niñas kermesseras y aparecerme con una cazuela de chicharrón en salsa verde, o como otro compañero de la escuela primaria, una de arroz con huevo duro. ¿En qué estaba pensando su señora madre? ¿Saben qué pasó con esa cazuela de arroz con huevo duro?

¡Nada!

Estoy segura que si regreso al salón de mi escuela primaria encontraré el esqueleto de la señora Gutiérrez, mi maestra, y la cazuela de arroz con huevo duro aún intacta. Pobre señora, imaginen que tantísimos años después yo sigo aquí injuriándola en mi blog por su infame cazuela de arroz con huevo duro. Por eso yo no me arriesgaría.

¿Qué debería yo llevar?

Me preocupa que digan que la maestra de artes no está “In”. Tengo una reputación que debo cuidar.

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Dog attitude

Palitrochadas

Miraba el otro día a mi perro con atención.

Sin importar si ha sido un día bueno o un día malo él mueve la cola. Siempre.

Está satisfecho con unas pocas caricias, con usar la lengua para asearse las verijas y un plato de comida. Tiene una vida “normal” y es feliz con eso.

Yo debería querer una vida “normal” y debería ser feliz con eso. (Should I?)

No me gusta medirle el tiempo a las cosas, pero dicen que si no se las mides la vida se te va como río y se lleva los sueños anhelados a alcanzar.
Ha pasado más de un año. Han pasado catorce meses. Contemos como si fuera un bebé, porque así se ha sentido, como parir. Bueno, en realidad no sé lo que se siente parir, pero debe ser harto incómodo y doloso.
Odio quejarme, pero no quiero seguir llorando porque busco y no consigo. No estoy tranquila profesionalmente, ni soy feliz. No quiero aceptar que fracasé hasta ahorita en mi aventura, pero no voy a vivir con incertidumbre y miedo.

A pesar de que yo soy disciplinada, ningún día es igual y mes a mes hago menos dinero y me rinde cada vez menos. Una de las cosas que me tiene así de triste, siempre, es que no tengo estabilidad de ningún tipo. Ni emocional, ni laboral, ni económica. Las últimas las necesito para sobrevivir y la primera para “vivir”.  Necesito tener estabilidad en algo y creo que una rutina laboral me puede ayudar en eso.  No es un fracaso o un tropiezo: es culpa del capitalismo y el socialismo que han desestabilizado todo el mundo. (A algo hay que echarle la culpa)… en fin, uno hace lo que cree es correcto; o, tira una moneda… para culpar a la vida.

Pero no. Yo no hago eso. Yo voy a ser lo que yo quiero, plena y feliz. Haré lo que mi perro, si algo no se le da, se adapta y vuelve a intentar y vuelve a hacerlo y vuelve a hacerlo.
Buscar la tranquilidad, ese es mi objetivo sin dejar que el orgullo defina mi vida.

No hay nada de malo con una vida “normal”. Me quiero convencer de eso.

Dog attitude, that´s what I need. Y lástima que no me pueda yo asear las verijas con la lengua, otra cosa sería. (Por cierto, si los humanos pudieramos hacer eso, ya nos hubieramos extinguido. Jo!)

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Puta gestación

Palitrochadas

Las palabras más tristes, el grito más sordo, el coraje más profundo y el dolor más frustrante. Todo lo que una persona encierra en sí misma, todas las cuentas cobradas por las propias ineptitudes. Nunca tan castigada y tan confundida; a cada paso salta una congoja, la paz es buscada desde hace años y esa culpa de saber que no se hacen bien las cosas no solo carcome, también lastima, demerita el amor propio, quita lucidez, arrebata la claridad. Una cosa para tratar de componer otra; otra para medio remediar la pasada y la presente y la futura por que de seguro ya la cagué otra vez.

La capacidad no es, no fue suficiente; la pasión tiene que ser reemplazada por que no sirve aquí; el gusto es pisoteado por las razones sociales más estúpidas. Mi claridad de querer decir las cosas a diestra y siniestra tiene que ser dominada por la prudencia. La melodía más obscura y altisonante me ha regido por todo este tiempo y siento que ahora debo soltar, aflojar, ceder, cambiar.

“Renacer”. Así se siente, así se sienten los cambios pero por más que desee que la transición sea más radical, más violenta y definitiva… no sucede.

Es como romper el cascaron, quitar partes, tomar aire y regresar al huevo, o al útero. Entregar demasiado poder a alguien más, vaya peligrosa cesárea.

Siento que esto de los cambios viene como nacer bajo el agua, recibir al mundo desde el mismo elemento y luego, suavemente, ir emergiendo como lo que sea que se gestó.

Estoy harta, estoy cansada de sostener la respiración hasta que finalmente venga mi nacimiento.

Puta gestación.

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Del otro blog

Palitrochadas

Sinceramente, esta semana no pensaba postear, otra vez. No he tenido tiempo ni ganas de escribir. Últimamente hay temas que no me dicen nada. Todo me parece demasiado cliché y de lugares comunes pero mi orgullo de postear cada semana sin fallar empezó a picarme en la nuca.

Sí, un par de veces he posteado cosas que ya había escrito anteriormente, pero al actualizarlas, prácticamente tuve que reescribirlas, así que no las veo tanto como refritos. Todo esto me llevó a pensar en rescatar algún post relacionado con el tema de mi otro blog.

Si, tuve otro blog.

Durante una temporada tuve un blog paralelo en donde posteaba con otro nombre sobre cosas que no solía tratar en este, mi blog “oficial”. Los motivos por los que abrí aquel blog fueron validos en su momento y en cuanto dejaron de serlo, lo cerré. Pero en el inter, escribir bajo pseudónimo (¿otro?) me ayudó a darme cuenta de lo mucho que —al contrario de lo que siempre pensé— me autocensuraba en mi blog mainstream. Por un breve espacio de tiempo pude escribir cosas que jamás hubiera publicado aquí. Cuando aquella temporada llego a su fin simplemente desaparecí a mi alter ego. De hecho, aquello no fue un final de temporada nada más, fue el final definitivo, el último capítulo de una historia alterna de la que aprendí mucho sobre qué no hacer en una relación (enseñanzas que ahora mismo estoy aplicando con resultados muy satisfactorios)

Gracias a todo eso ahora veo mi propio blog con otros ojos y bajo otra luz; muchos de los que me leen lo han notado; atrás quedaron los días cuando mantenía el kayfabe en todo momento. Ahora ya no me interesa enganchar a la gente, simplemente deseo escribir lo que quiera y cuando quiera. Es curioso cómo la gente se sorprende por el tono que ha ido tomando lo que escribo últimamente, curioso porque asumen que si antes no hablaba sobre algo, era porque no existía. Supongo que muchos siguen creyendo que yo soy mi personaje. Lo soy y a veces no.

En fin, no voy a usar alguna analogía sobre algún final/inicio de temporada en mi vida, no, esa parte siempre ha estado ahí, simplemente ahora me da la gana escribir sobre ello. Un poco de sol no le hace daño a nadie.

Y así cumplo con la entrega de la semana, me deshago de la picazón en la nuca y puedo regresar a ponerle atención a mis procesos de vida.

Los quiero por seguir aquí a quienes aún están.

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Noche de table

Cosas sexosas, Palitrochadas

Hace años que no visitaba un table. Algunas veces en mi época universitaria loca y cabaretera me había tocado ir a dos que tres.

De todo hay que saber en esta vida, eso queda claro.

Una amiga, emparejada por todas las de la ley, tenía ya tiempo con la curiosidad de conocer uno y le dije que yo la acompañaría. Tuvimos que echar mano de un maigo masculino porque resulta que a unos lugares de estos en esta provinciana comarca si no vas con alguien que produce testosterona  no te dejan entrar o te ven raro, además que compañía masculina en estos casos no está de más.

La primera recomendación fue que nos vistiéramos bien. O sea, como que no trabajábamos ahí pues, ja!

Ya adentro mi amiga se dio cuenta que en realidad no es nada del otro mundo. La llevamos a uno nice, que si no fuera por las mujeres sin ropa que bailaban, podía haber sido un antro más, con decorado parecido, con música similar, etc. Alguien por ahí me comentaba que era uno de los mejores lugares para ir a tomar una copa y platicar (“Hablar de negocios” dice un colega), y yo tipo “Ajá, ey, seguramente”, pero resulta que sí,  hay hombres que arreglan el mundo con alguien bailándole enfrente con las tetas de fuera. En fin, cada quien su nivel de concentración.

Lo que llamó mi atención es que aunque se supone que la muchachada debería tener toda la experiencia del mundo caminando en zapatos – literalmente – teiboleros, más de una parecía gato espinado, ¿qué onda ahí con la capacitación?

Eso sí, mis respetos para unas de ellas, ESOS son muslos. Y flexibilidad. Una de ellas subió a nuestra mesa para bailarnos, y debo reconocer que lo hacía muy bien. Hey! A eso llamo yo una mujer orgullosa de su vagina.

Dice mi amiga que como primera experiencia, le pareció adecuada. Ya amenazó con quiere hasta tomar clases de poledance, le digo que ya la veo contoneándose alrededor de un tubo con todo y su boa y tacones altos y plumas incluidas, ja! Ay gente…

 

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Ni diosas ni brujas. Mucho menos putas.

Palitrochadas

Los años no le pasan a una encima de en balde. O aprendes y te haces pendeja o aprendes y apechugas y sigues adelante, la una o la otra… pero aprendes.

Me considero una tipa de fachada sencilla aunque no corriente, al menos eso creo yo. A mis treintas, he dejado atrás ese halo de misterio que dicen las abuelas debes procurar para enganchar un hombre. Que enseñando a cuenta gotas lo que eres lograrás que el interés de algún susodicho vaya en aumento. De esa manera el objeto de tu afecto se alejará de sus amigotes, del alcohol, de los tables, del Xbox y dedicará todas sus energías para hacerte bebés y comprarte zapatos sexis de diseñador.

Lo malo es que a mí me gustan más los zapatos cómodos y los zapatos cómodos raramente son sexis. Eso y que me dan miedo los comerciales de Kleen Bebé.

En serio, me parece espeluznante ese comercial de bebés parlantes disfrazados de adultos incontinentes que eligen a KleenBebé como el mejor pañal del mundo. Tan terrorífica idea imagino que sólo pudo haber salido de una de esas hormonales madres que en un ataque de pitonisa dedujo que el excremento de su vástago sólo era digno de un letrado profesionista. Perdón, me salí del tema. Pero es que me causa shock el dichoso comercial  ese, tanto que cada que lo veo me da una overdosis de abstinencia.

No sé si sea mi ajetreada alma o la mala influencia, el valemadrismo o la aceptación de la volatilidad de las relaciones amorosas la que me hizo desentenderme de los consejos amatorios de mis antecesoras y contar todo el cuento de una chingada vez. Por eso tomo directo de la lata de cerveza en lugar del vasito. No cuento calorías ni carbohidratos aún sabiendo que ese taco al pastor se me va a ir directamente a las caderas. No hablo sólo para saludar, voy directo al grano y no sociabilizo más de lo indispensable. Me acepto imperfecta y no busco impresionar. No oculto si me emputo o si tengo ganas de llorar. Mi boca hace y dice cosas que están censuradas en televisión abierta.

El pedo está en “LO QUE VES ” ya que ese lugar esta atestado como menudería de crudos en sábado de quincena. Ahí hay ciudades, familia, libros, pero sobre todo, hay relaciones. Relaciones que siguen en mí aun después de haberse ido y que no pienso –ni puedo- dejar ir. No sé cómo dar carpetazo y a lo que sigue, olvidarlos y dejarlos ir así como así. Porque? Porque son lo que me han hecho, son lo que me ha pasado, son lo que me ha formado y transformado.  Y es que para desgracia de mis padres y mis futurospioresdildo, no son pocos. Por eso entiendo cuando más de uno que se ha asomado, ha salido corriendo. Que a diferencia de Eva, yo me he robado más que una costilla. Tengo cachos de cerebro que me terminaron de convertir lo que soy. Garganta sonora para gritar con ganas. Dos pies más para bailar cumbias. La sinceridad de los ojos cafés. Estos dedos que dibujan y que hacen escritos. Otra lengua para hablar y también maldecir.

Me pregunto si al darse cuenta que soy muchas historias, los que le corrieron se sintieron amenazados.  Que en su machismo aberrante se asquearon y fueron a refugiarse en vaginas más hipócritas. (Voy más por lo segundo).

Y es que por más modernos que se piensen, muchos hombres siguen siendo unos machitos mata-perros. Podrán dejarse pagar cenas o estar conformes con que su mujer trabaje, pero no pueden evitar sentir que el pito les crece cuando saben que te transforman. Por eso, se les hace chiquita al darse cuenta que no fueron los únicos.

Y es que las mujeres a cierta edad dejan de ser princesas y creer en los príncipes azules. Y hay hombres que deberían  darse cuenta que ni somos brujas, ni somos diosas y mucho menos somos esas putas de las que hablan esas horribles canciones de borrachos.

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De esos cuentos…

Para oídos sordos

La vida son sólo cuentos cuyos finales los creamos nosotros…

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Declaración de autonomía afectiva

Para oídos sordos

Lo siento, pero usted no es mi felicidad. No, no lo es, y por eso me libero. Me niego a poner mi vida emocional en sus manos. Si usted fuera mi felicidad, su ausencia seria mi acabose y viviría en el filo de la navaja. No quiero intentar adueñarme de usted, no va conmigo, no me interesa.

Mi bienestar y mi autorrealización dependen básicamente de mí.  Lo demás contribuye, ayuda, pero el proceso interior que va configurando mi auténtico ser no vendrá de afuera, no será prestado.

Es cuestión de principios y de estética. No solo quiero mejorar, quiero hacerlo con la inspiración del artista, como una obra de la cual me sienta satisfecha. ¡Que pesado es hacerse cargo de la dicha del otro! ¡Que tarea tan difícil, por no decir imposible!

Prefiero respirar por mí misma, andar sin muletas y ser como soy. No quiero pertenecer a usted ni que usted me pertenezca. Andemos juntos si nos apetece, pero no seamos “el uno para el otro”, por favor.

El bienestar psicológico o el intento de ser feliz requiere un compromiso personal e intransferible. No es algo que nos regalan, se compra o se posee por decreto: es intransferible. Y como yo no estoy en venta, y espero que usted tampoco lo este, tenemos la oportunidad de ser libres.

Usted no define mi existencia ni yo la suya; de ser así, no podríamos vivir el uno sin el otro. Usted no es mi felicidad, afortunadamente, ni yo soy su ama y señora. La mejor relación que podemos tener es no pertenecernos. El que no posee al otro, lo respeta, y eso es belleza, ternura y desapego.

……………………..
Fragmento del libro “Desapegarse sin anestesia” de Walter Riso (Buenísimo por cierto)

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“No llores!”

Palitrochadas, Para oídos sordos

¿Porqué no?

Uno debería estar en libertad de llorar siempre que sea necesario, el llanto, cuando no es un recurso, cuando es auténtico, es una excelente medicina, la mejor terapia. Y vaya que me ha costado entender que hay que dejarlo llegar. Por años viví con un nudo en la garganta, yo era de esas que se hacen las valientes y no lloran nunca, eso pensé que yo era valiente hasta que un día alguien me pico el pecho y salió todo. Y es que el llanto viene cuando son tantos, tan fuertes los sentimientos que el cuerpo no puede manejarlos más. Es depurativo, somnífero y relajante.

Así que ahora lloro de vez en cuando, lloro en los conciertos, lloro en el cine, lloro cuando leo, con algunas fotos y lloro de pronto sin saber porqué. No piensen que voy por ahí todo el tiempo con el moco en el kleenex, no. Solo que ahora lo reconozco, el sentimiento digo, el nudo en la garganta, el proceso, sus fases. Ya no me asusta, no lo contengo ni lo regreso por donde vino, simplemente lo dejo llegar y lo dejo pasar, no me aferro tampoco a él, pero mientras esté lo gozo. Tal vez sea que estoy en proceso de limpieza existencial y todavía quedan algunas cosas que deben irse, será por eso que me conmuevo ahora más fácilmente. Estoy educándome, aprendiendo a sentir. Ahora lloro y no sufro.

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Prohibido hablar con el chofer

Palitrochadas

Ahora, entre la numerosa cantidad de letreros en el nuevo modelo de transporte público de mi provinciana ciudad, hay un letrerito que versa así: “Prohibido hablar con el chofer”. Pensarán ustedes que eso atenta contra sus derechos humanos y los derechos reproductivos de aquellas mujeres que se sienten atraídas por microbuseros y que ansiosas buscan marido en cada ruta subiendo a ligar sentadas en un motor caliente que viene quedando frío ante sus calores uterinos, pero por cruel que parezca, resulta muy conveniente.

La noche del viernes me fui a una tertulia de esas de perdición a las que por mi buen curriculum me invitan. No les diré como estuvo pero eran las 5 de la mañana y la gente no paraba de bailar y frotar a su prójimo como a sí mismo, todos buscando olvidar la pena del Viernes Santo. Muy espiritual todo. El chiste es que después fuimos a desayunar a un lugar de ahí de por la Minerva, único lugar decente que está abierto toda la noche, donde las meseras ya nos conocen y temerosas nos esperan. Otro día con más calma les contaré sobre el lugar y mis recomendaciones culinarias, ahora debo volver al tema que hoy me ocupa, la política de silencio con los choferes del tan abucheado transporte público de la comarca.

Eran ya las ocho de la mañana y por razones que sólo a Dios y a una servidora incumben, me encontraba en céntrica parada del camión con destino a mi casa para dormir en paz. Con lo párvula que soy, últimamente para afrentar mi  miedo al tráfico que me quedó de aquel horrible accidente y no por gusto sino por mera terapia, suelo sentarme junto al chofer y además porque la vista de la ciudad a través de la ventana frente al camión es inigualable y maravillosa. Así que tomé mi asiento y dispúseme a gozar de la desierta Guadalajara. En eso, producto de una vida disipada y el ajetreo de la noche anterior, un bostezo escapó de entre mis fauces. Y dirán ustedes ¿eso qué tiene de particular? ¿qué tiene de increíble tan simple función corporal? Pues nada, pero sucede que no bien había terminado mi bostezo, escuché una voz que decía:

-Échese un sueñito señorita-

Confundida por el pasón de oxígeno que acababa de llegar a mi cerebro, miré a mi alrededor tratando de encontrar el origen de tan confianzuda sugerencia. Y sí, había sido el chofer. Desesperada busqué el letrerito de “Prohibido hablar con el chofer” como un último recurso para señalarlo con el dedo al tiempo que apretaba fuerte mis labios y así hacerle entender que lo nuestro era imposible, que al hablar cometíamos un crimen. Pero nada, del mentado letrero ni sus luces. Así que me preparé a contestarle, pero ¿qué se supone que deba uno responder cuando le dicen a una échese un sueñito señorita? ¿cómo explicarle que si no duermo en mi cama, menos iba a hacerlo en el asiento de su camión?

-¿Hasta dónde vas?-

Vaya, por lo menos ésto era fácil de responder, así que armada de toda la amabilidad de la que pude hacer acopio le contesté…… Y no me malentiendan, en otro momento hubiera respondido todas sus preguntas, pero debido a los eventos recientes prefería ir pensando, en silencio. Lo malo es que este señor no parecía querer callarse y estaba yo al borde del colapso, cuando en eso dijo:

-¿Estudias?-

Caí de espaldas. ¿Qué no veía el paso de los siglos sobre mí? La última vez que fui a la escuela Torres Bodet era director y López Mateos era presidente y no una famosa avenida de la ciudad. Así que le respondí que sí y dejé que creara en su mente una bonita imágen de estudiante sacrificada y madrugadora. Pero siguió:

-¿Y ahorita vas a trabajar o a la fiesta?-

Supe en ese momento que decirle la verdad sobre mi procedencia destrozaría la mágica ilusión que había creado a mi alrededor. No podía contarle de la decadencia y excesos de la noche anterior. Y tampoco soy tan desalmada como para decirle que iba a trabajar para sostener mis estudios.  Así que incapaz de inventar algo mejor le dije:

-Voy a ver a mi abuelita. -

End of story.

Y con mi canastita de panquecillos presurosa me bajé. Ja!

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